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Hormigas

Nueva cartilla moral

Porfirio Hernández

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Está en el aire la invitación a formar una constitución moral que dé cauce, dice el convocante, a un “pacto colectivo” para rescatar valores y estimular mejores patrones de conducta.

Con esta convocatoria, algunos recordamos la “Cartilla moral” escrita por el gran mexicano Alfonso Reyes (1889-1959) en 1944, una colección de lecciones destinada “al educando adulto, pero también son accesibles al niño”, que abarca nociones de sociología, antropología, política o educación cívica, higiene y urbanidad.

Simple hubiera sido evocar este documento como la base de esa convocatoria. Pero Alfonso Reyes no forma parte del santoral del nuevo presidente de la República, ya que es hijo de Bernardo Reyes, uno de los líderes de la sublevación conocida como Decena Trágica que terminó con el derrocamiento del presidente Francisco I. Madero y el vicepresidente José María Pino Suárez en 1913. Y eso no es bien visto por la izquierda que hoy tiene a Madero como uno de sus líderes morales.

El general Bernardo Reyes (1850-1913) peleó en la Segunda Intervención Francesa en México, fue secretario de Guerra y Marina durante dos años en el mandato de Porfirio Díaz, fue gobernador de Nuevo León por veinte años y murió el 9 de febrero de 1913, el primer día de la asonada que terminó con el magnicidio citado. Su lealtad al presidente Díaz lo hizo pisar la cárcel, luego de su alzamiento contra el presidente Madero, para salir y morir el primer día de la Decena Trágica.

Alfonso Reyes, quien se mantuvo lejos de su padre a voluntad de éste, siempre vio esa muerte como una injusticia contra su familia; sin reproches ni justificaciones tampoco, la asumió como una marca en su vida; así puede leerse en ese hermoso ensayo que le dedicó a su padre, “Oración del 9 de febrero”, de 1930, donde hace un recuento honesto del dolor que le causó su muerte.

Más allá de la polémica en relación con la militancia política de su antecesor, Reyes desarrolló una sólida trayectoria intelectual que le permitió emprender la escritura de su “Cartilla moral” en forma de lecciones rectoras de la pedagogía de su tiempo, como lo muestra el precepto de que “El hombre debe educarse para el bien”: “Podemos figurarnos la moral como una Constitución no escrita, cuyos preceptos son de validez universal para todos los pueblos y para todos los hombres. Tales preceptos tienen por objeto asegurar el cumplimiento del bien, encaminando a este fin nuestra conducta.” Eso buscamos hoy todos, más allá de recientes convocatorias. ¿O no? 

facebook.com/porfiriohernandez1969

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