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Miércoles , 14.11.2018 / 10:03 Hoy

Visión Social

Solidaridad, principio y virtud

Pedro Miguel Funes Díaz

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Lo que usamos o requerimos diariamente para atender nuestras necesidades nos relaciona de algún modo con personas no sólo desconocidas, sino muy lejanas geográficamente. Nos encontramos ante una dependencia de unos con otros como personas, grupos, sociedades, pueblos y estados que forman una enorme red como quizá nunca había existido. Las relaciones que se forman son una manifestación de la solidaridad básica que se halla entre los seres humanos y presuponen al menos un cierto grado de unidad y el reconocimiento del otro como semejante. Ciertamente el grado de unidad varía según el asunto de que se trate o de los sujetos de tales relaciones.

Estos vínculos pueden romperse y la ruptura en ocasiones a su vez puede desembocar en conflictos incluso graves. La solidaridad, aunque nace naturalmente entre los hombres, es necesario cuidarla y acrecentarla. Gracias a ella podemos sentirnos unidos, y por eso se llama solidaridad, porque, así como en un cuerpo sólido sus partes están unidas unas con otras, así en la sociedad, quienes la formamos hemos de estar unidos.

Por esta razón, como dice la doctrina social de la Iglesia, “las nuevas relaciones de interdependencia entre hombres y pueblos, que son, de hecho, formas de solidaridad, deben transformarse en relaciones que tiendan hacia una verdadera y propia solidaridad ético-social, que es la exigencia moral ínsita en todas las relaciones humanas. La solidaridad se presenta, por tanto, bajo dos aspectos complementarios: como principio social y como virtud moral”.

La solidaridad es principio en cuanto se halla de por sí en las sociedades, pero también es virtud en cuanto que es una fuerza que puede crecer y perfeccionarse para hacer el bien a nuestros semejantes, colaborar con ellos. Lo novedoso en nuestros días está en que de alguna forma la solidaridad se puede extender más allá de los límites de la comunidad en la que vivimos.

A la solidaridad se oponen claramente las actitudes y vicios que acaban produciendo injusticias y frustración. El crimen, sobre todo cuando llega a niveles de organización incluso internacional, muestra una falta gravísima de solidaridad, así como también la corrupción, el terrorismo y otras cosas similares. Estos y otros males nacen del no querer reconocer la dignidad de nuestros semejantes, ya porque todavía no nacen, ya porque son viejos, ya porque son de otro color, ya porque me impiden enriquecerme, ya porque son un obstáculo a mi hedonismo, o por cualquier otro pretexto.

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