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Sábado , 26.05.2018 / 17:18 Hoy

Visión Social

¿Respetar la ley?

Pedro Miguel Funes Díaz

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Las leyes físicas, químicas o biológicas en cuanto que están presentes en la misma naturaleza de las cosas, no pueden cambiar a nuestro gusto. Por muy poderoso que fuera un legislador no podría eliminarlas o derogarlas, ni un gobernante someterlas a votación. Las leyes que atañen al hombre como tal, es decir como sujeto responsable de sus actos, en cambio, parece que algunas pueden modificarse o incluso ser desobedecidas, son leyes, pero no de la misma manera que, por ejemplo, la ley de la gravitación universal.

La humanidad avanza en el conocimiento de las leyes que se refieren a las cosas, a veces yerra cuando las formula, o más tarde se descubre que pueden perfeccionarse los enunciados sobre ellas, pero esa limitación es la propia de nuestro conocimiento. No es lo mismo con las leyes que tienen que ver con lo que somos, porque no es solo conocerlas, sino seguirlas o no hacerlo, por la propia voluntad.

Las leyes que tenemos que seguir son de varios niveles. Ante todo existe la ley natural, que no hay que confundir con las leyes biológicas o con los impulsos instintivos, y es aquella que se halla inscrita en nuestra naturaleza y cuyos llamados y luces descubrimos en nuestra conciencia. Es la ley que nos hace evitar el mal y buscar el bien, aunque no hubiera leyes escritas o tradicionales de parte de los gobiernos o de los grupos humanos. Es el caso de respetar la vida del prójimo o sus propiedades.

A la ley natural se le suele denominar también moral o ética. El término "moral" deriva del latín "mos-moris" que significa costumbre, mientras que el término "ética" deriva del griego "ethos" y significa lo mismo que la palabra latina. Algunos distinguen entre la ética y la moral reservando ésta última para las normas que derivan de la revelación o de la religión, y la primera para la ética natural.

La convivencia humana necesita de algo más que la ley natural, porque las relaciones complejas en las que tienen que armonizarse los derechos y deberes de personas exige una mucho mayor determinación, que la ley natural no provee. Las leyes que surgen de esta necesitad son leyes humanas y se denominan leyes positivas en cuanto son promulgadas para ser conocidas y puedan así ser seguidas por aquellos a quienes se dirigen. En muchos casos estas leyes están reforzadas por la coerción, porque la autoridad posee el derecho de usar incluso la fuerza pública para hacerlas obedecer en caso necesario

Existen otros tipos de leyes y normativas análogas a las leyes. En general puede decirse que todos debemos obedecer las leyes que nos corresponden, según la autoridad que las emanó y las personas, tiempos, lugares y circunstancias en que se aplican. En México se han de seguir las leyes mexicanas, pero no las chinas, por decir algo. Otro ejemplo, desde otro punto de vista, es que las leyes de la Iglesia Católica (como las del Derecho Canónico) obligan a los católicos, pero no a los anglicanos o a los luteranos.

Las leyes positivas elaboradas por los seres humanos deben buscar ser justas, pero suelen darse situaciones en que esto no es así.

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