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Martes , 20.11.2018 / 12:00 Hoy

Visión Social

Relativismo absoluto

Pedro Miguel Funes Díaz

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Nos advierte el refrán que "nada es verdad ni es mentira, todo es según el color del cristal con que se mira". Desde el punto de vista literario la frase tiene sentido, porque se hace uso de la hipérbole cuando se habla comúnmente con el fin de resaltar en el discurso un punto o aspecto determinado. Aquí se pretende poner de relieve que a veces un asunto aparece de una forma si se le mira desde un cierto punto de vista o según ciertos criterios y de otra forma si se cambia de punto de vista o de criterios para juzgarlo.


Más allá del refrán, hay quienes piensan que al ser humano no le es posible acceder a la verdad, de modo que todo se reduce finalmente a puntos de vista. Este modo de pensar da la impresión de ser útil para resolver discusiones y debates, porque parece que sirve para darle la razón a todos; pero el asunto encierra un problema lógico que pone de manifiesto que, dicha así nada más, la cosa no anda bien.


En efecto, si todo es relativo, al menos la afirmación "todo es relativo" resulta ser absoluta. Se trataría entonces de un "relativismo absoluto", lo cual es una "contradictio in terminis", es decir una proposición absurda. Se asemejaría a una serpiente que se muerde la cola y se come a sí misma. Si todo se reduce a puntos de vista, decirlo ya no es un punto de vista, sino el único punto de vista indiscutible, con lo cual se autodestruye.


Naturalmente resultaría también falsa la propuesta que sostuviera que todo es absoluto. La dificultad para nosotros estriba en captar o entender cómo se estructura la compleja red de relaciones del mundo y cómo nuestro conocimiento, que es limitado necesariamente, puede acercarse a la verdad, es decir, cómo puede corresponder a las cosas como son en el proceso del conocimiento.


Si todo fuera relativo perderían sentido la exigente metodología de la ciencia y el rigor que se necesita en la filosofía. 

Un relativismo a ultranza acabaría siendo un camino de dictadura, nos conduciría al reinado de la arbitrariedad e indefensión de los más débiles. De ahí que el papa Benedicto XVI dijera con preocupación “Se va constituyendo una dictadura del relativismo que no reconoce nada como definitivo y que deja sólo como medida última al propio yo y sus apetencias”. 

Ciertamente no podemos abarcar toda la verdad y muchas veces hemos de completar y rectificar al considerar otros puntos de vista, pero algo de la verdad podemos alcanzarlo, y esa verdad es lo que puede permitir a la humanidad aspirar a un mundo mejor.

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