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Miércoles , 17.10.2018 / 09:10 Hoy

Visión Social

Reconocimiento de la persona

Pedro Miguel Funes Díaz

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Caminando por la calle llega a suceder que alguien saluda a otro que encuentra casualmente, pero este otro se queda confundido y dice: "Perdone, pero... ¿nos conocemos? A lo que el primero responde "Sí, éramos compañeros en la primaria...". Entonces cambia la actitud del que fue saludado y sonriendo corrige: "¡Ah sí! Disculpa, es que no te había reconocido". El reconocimiento está en la base de las relaciones humanas y por lo mismo en la base de la sociabilidad.

Examinar algo o a alguien para conocer su identidad, naturaleza y circunstancias es la definición que nos da el Diccionario de la Lengua Española para el término "reconocer". Aquí nos referimos lógicamente al reconocimiento de las personas. En este caso el reconocimiento implica descubrir y captar la semejanza que nos confiere el ser partícipes de algo que tenemos en común así como las diferencias que hacen de cada uno un ser único e irrepetible como tal en el plano humano.

Para que la injusticia y la violencia contra otros seres humanos llegue a ciertos niveles, se necesita oscurecer, por así decir, la verdad de los otros en cuanto semejantes y de sí mismo como sujeto digno y responsable. Este oscurecimiento a veces puede provenir de una patología, como podría ser el caso de los llamados psicópatas, pero puede también ser producto de factores sociales y de ideologías de diferente tipo.

La esclavitud es un ejemplo muy claro de la falta de reconocimiento del otro como semejante. Para mantener una institución de ese tipo era necesario subrayar las diferencias y juzgar a los esclavos como no-humanos o como sub-humanos. En muchos otros casos se procede análogamente, por diferencias de color, de cultura, de religión, de capacidad económica, etc.

No se trata de negar las diferencias entre unos y otros. El reconocimiento de la igualdad humana exige también el de las diferencias. Un ser humano puede ser de color blanco, negro, moreno u otros; puede ser hombre o mujer; puede ser un embrión humano, niño, adulto o anciano; puede estar enfermo o sano; puede ser cristiano, budista, o cualquier otra cosa. Pero siempre subsiste el hecho de una naturaleza igual que se encuentra en todos y cada uno.

Un camino importante por recorrer para mejorar el respeto a las personas es el hacer patente la condición humana de cada uno en el mundo y la cultura actuales. Si lográramos hacer notar que todos compartimos la misma naturaleza, porque nuestra esencia, aquello que nos hace ser lo que somos es la misma, habríamos avanzado ya mucho. Más allá todavía, podemos llegar a percibir que cada individuo humano es, al menos potencialmente, un sujeto de diálogo y de responsabilidades, nos habríamos acercado a considerar persona a cada quien. Nos hermana el hecho de que tenemos un origen común y, en ese sentido, formamos la gran familia humana.

La perspectiva del creyente añade a la consideración de la dignidad humana un elemento especial, pues enseña que el hombre ha sido creado "a imagen y semejanza de Dios", como dice el libro del Génesis. Por lo mismo, es posible descubrir en cada uno el resplandor de esa imagen, aunque a veces se encuentre oscurecida a causa de un comportamiento contrario a cuanto esa imagen exige.

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