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Domingo , 09.12.2018 / 21:28 Hoy

Visión Social

Prójimo y sociedad

Pedro Miguel Funes Díaz

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Al hablar de la sociedad humana a veces perdemos de vista que ella no es una idea, aunque por supuesto tenemos una idea de ella, sino una realidad. Nuestra idea de sociedad proviene del conocimiento de las sociedades que se forman independientemente de nuestra idea, por lo que nuestra idea tiene que ajustarse a la realidad de la que proviene. 


Si bien es cierto que uno puede tener ideas diversas de la sociedad de las que tiene otro, es necesario que haya una referencia externa para que las ideas puedan ser evaluadas y pueda dialogarse sobre ellas, porque de otra manera cada sujeto no podría recibir ninguna aportación de los otros, ya que serían íntegramente subjetivas y, por lo mismo, imposibles de criticar. 


La realidad de la sociedad es diferente de la realidad de otras cosas como por ejemplo un perro o una piedra. Estos últimos poseen una existencia propia, mientras que, literalmente hablando, la sociedad no es algo que nos encontremos tirado por la calle o que nos ladre y muerda. La sociedad humana supone otra realidad sustantiva, la de las personas que la componen. Una sociedad sin individuos que la formen simplemente no existe. 


Si se culpa a la sociedad de algo, por ejemplo, de tener tales o cuales prejuicios, como suele oírse muchas veces, conviene no olvidar que al final son personas las que las que actúan y, en el fondo, sostienen tales prejuicios. Lo mismo cabe decir de las cosas positivas, que frecuentemente olvidamos, pues gracias a la sociedad podemos llevar nuestra vida. Así, el bien y el mal, aunque sean sociales, poseen una raíz en el corazón de las personas. 


Dado que el ser de la sociedad se sustenta en quienes la componen, ella es ante todo un tejido de relaciones entre personas; un tejido complejo con muchos niveles y tipos de relaciones, comenzando por las familiares y llegando a las de sus más altas autoridades políticas. Ese tejido se realiza de muchas maneras en los tiempos y lugares y ello nos obliga a hablar también de una variedad de sociedades distintas unas de otras. Decimos “sociedad” como término genérico, pero sabemos que hay muchos tipos de ellas. 


Cuando Cristo habló del prójimo señaló el fundamento de las relaciones sociales. Formamos una sociedad en cuanto reconocemos a los demás como seres semejantes, de la misma dignidad. Por ello, la parábola del buen samaritano va más allá de un sentimiento bueno, va a la cuestión principal: somos personas que vivimos con otras y nos necesitamos.

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