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Domingo , 15.07.2018 / 15:06 Hoy

Visión Social

¿Políticos buenos?

Pedro Miguel Funes Díaz

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A la política se asocia mucho la ambición por el poder y el uso abusivo del mismo. Adquirirlo, conservarlo y aumentarlo se consideran las tareas más importantes de quienes se dedican a este tipo de actividades. Por lo mismo, al político se le tiene como uno con pocos escrúpulos morales, dispuesto a usar cualquier medio para obtener sus fines.

Desde tal punto de vista la política albergaría en sí misma un germen de maldad del que resultaría prácticamente imposible liberarse, algo así como un pecado intrínseco capaz de seducir infaliblemente a quien quiera incursionar en sus ámbitos. Ante tal seducción parecen sucumbir incluso quienes comienzan su carrera política llenos de ideales nobles y elevados.

Es verdad que la historia nos puede mostrar muchos casos de este tipo, pero creo que hay lugar para una actitud más optimista. En la historia se pueden hallar buenos ejemplos, aunque por motivos ideológicos no faltaría quien dijera que tales ejemplos no son adecuados. Con todo, si bien nadie es perfecto, me parece que ha habido sin duda políticos virtuosos.

La existencia de políticos virtuosos, quiero decir prudentes, justos, con fortaleza y temple requiere de ciertas condiciones. En primer lugar, en los países donde se puede presumir un mínimo de movilidad social, debe haber una base cultural y educativa en la sociedad que permita a los ciudadanos cultivar las virtudes.

Pero la tentación del poder es particularmente grande. Quien detenta el poder puede sentirse sobre los demás, contar con muchos aduladores, disponer de recursos de otra forma inaccesibles, casi determinar lo que es bueno y lo que es malo, en cierto modo, casi ser como Dios.

Desde el punto de vista filosófico se podría decir entonces que para vencer el vicio se necesita cultivar la virtud, lo cual significa que una condición, no la única, para que haya políticos buenos es que en la sociedad se busque promover este cultivo. Ahora, desde el punto de vista cristiano debe añadirse que se necesita la gracia, pues hablamos de vencer una fortísima tentación. Lógicamente para ello hay que promover también la fe, la esperanza y la caridad.

Todos en la sociedad tenemos responsabilidad para que haya políticos buenos sobre una base de buenos ciudadanos. Como cristianos el ideal sería que surgieran políticos santos sobre la base de cristianos conscientes de su responsabilidad en el bien de todos en la sociedad.

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