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Martes , 16.10.2018 / 22:30 Hoy

Libertad y educación

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Muchas veces se oyen críticas a una llamada "educación tradicional", y se le descalifica por anticuada.

Sin embargo, esa categoría resulta en realidad muy vaga y parece que sólo sirve para "echarle piedras" al pasado pretendiendo hacer pasar por novedosas las propias ideas sobre el tema.

Una de las grandes mentes de todos los tiempos, Santo Tomás de Aquino, consideraba que a la perfección del hombre se llegaba por el camino de las virtudes morales e intelectuales.

Tales virtudes no consisten en la simple repetición mecánica de actos, sino en las disposiciones y fuerzas de las facultades humanas que posibilitan hacer el bien y conocer la verdad.

Esta base antropológica nos permite comprender que en la educación confluyen varios agentes.

Como agentes educativos podemos ciertamente pensar en los padres y en los maestros, pero si hablamos de virtudes y, lógicamente, de libertad, también el educando posee una función activa.

En la educación actúan los padres, que son quienes reciben la nueva vida y son los principales responsables del crecimiento del niño, no sólo corporal sino espiritualmente.

Gracias a los padres y a los hermanos, parientes y amigos, se adquiere el lenguaje articulado, específicamente humano, que juega un papel capital en el desarrollo de la persona, en toda su vida y en su educación.

El lenguaje será el medio privilegiado de la comunicación, sin la cual ninguna educación es posible.

Los maestros vienen al auxilio de los padres y con su ejemplo y trabajo deben colaborar para el progreso del educando mostrándole el camino de la verdad y del bien según sus diversos campos y competencias.

Lo más notable aquí es que el mismo educando es agente en su proceso educativo porque adquirir virtudes, ciencia o sabiduría no es simplemente ser receptor de cosas, como si fuese una canasta donde se ponen manzanas.

Las personas se educan en cuanto que ellas hacen propios el bien y la verdad que en el proceso de comunicación les proponen sus padres y maestros.

La educación mira entonces al crecimiento de la persona, no solamente a darle competencias utilitarias para que sea usada como un engrane de la maquinaria productiva.

Por ello la educación implica libertad, pues sin ella nadie puede desarrollarse y perfeccionarse.

El Estado tiene la responsabilidad de favorecer las condiciones para que todos puedan gozar de los medios para realizarse como seres humanos, lo cual significa que debe respetar la libertad también en el campo de la educación.

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