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Martes , 11.12.2018 / 08:22 Hoy

Visión Social

Laicos y clérigos

Pedro Miguel Funes Díaz

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De la palabra griega "laós", pueblo, se deriva el término "laicós" cuyo sufijo quiere decir que se trata de algo relativo al sustantivo al que se une. Laico sería alguien "del pueblo" y el término se usaba en contraste con el de "clérigo", que proviene de "klerikós", compuesto de "kleros", herencia, y del mismo sufijo "-ikos". En la comunidad cristiana esta palabra se usaba para designar a quienes desempeñaban en ella un ministerio y, por ello, se distinguían de los laicos.

Marcado por las vicisitudes históricas, algunos suelen oponer lo laico a lo religioso. Sin embargo, la Iglesia Católica continúa llamando laicos a los fieles cristianos, no clérigos, que forman parte del pueblo de Dios y que, como tales, también son para ella portadores de la Buena Nueva en el mundo.

En la perspectiva cristiana, madurada a través de los siglos, los ministros sagrados cumplen una función de servicio al pueblo, o sea a los laicos. La competencia de la autoridad eclesiástica abarca la doctrina de la fe y de los sacramentos, el culto y la guía moral y espiritual de los fieles. Por motivos de paz y unidad, ya que en los asuntos temporales caben muchas opciones, los clérigos católicos se excluyen ellos mismos de la participación en la política partidista como tal, aunque por naturaleza no deben ser discriminados ni se les deben coartar sus derechos. Naturalmente, fuera de este punto, procuran colaborar en todo para el bien común participando activamente en su promoción.

Los laicos católicos, por su parte, en su participación en la educación, economía, política, etc. contando con la importante guía moral y espiritual de la institución eclesial, poseen la facultad de escoger libremente sus opciones usando su propia responsabilidad. Ellos pueden ya individualmente, ya haciendo uso del natural derecho de asociación esforzarse para edificar una sociedad más justa y solidaria.

Los católicos en la sociedad no han de ser entendidos como un peligro para la libertad religiosa ni para otras libertades propias del ser humano. De hecho, la libertad religiosa se encuentra en nuestras leyes por el esfuerzo de muchos católicos para que fuese reconocida como tal.

Ojalá quienes creemos pudiéramos siempre en el respeto y servicio de los demás, encontrarnos dispuestos a colaborar con todas las buenas iniciativas para el mejoramiento de la sociedad, como ya lo vislumbraba un autor anónimo del siglo II en su "carta a Diogneto", que llamaba a los cristianos, obedientes de las leyes, "alma" de la sociedad.

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