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Visión Social

Instituciones Económicas

Pedro Miguel Funes Díaz

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La importancia de la cuestión económica es clara para todos los países y por ello es motivo de estudios amplios y profundos. 

Ahora que se deberían discutir muchas propuestas, incluso económicas, parece oportuno recordar algunos criterios fundamentales desde el punto de vista ético, que se refieren al libre mercado, al papel del Estado y al de los llamados cuerpos intermedios.

La forma más eficiente que se ha encontrado para producir bienes y servicios se encuentra bajo la institución del libre mercado. 

Sin embargo está claro que moralmente el mercado no puede legitimarse por sí mismo y que es necesaria la referencia a dos elementos externos que le dan un sentido de servicio. 

Hablamos de la conciencia individual y de la responsabilidad pública, de donde surge también la necesidad de un orden jurídico que debe regir dicho mercado.

El Estado sin duda juega un papel importante en la economía porque gracias a su acción debe crear situaciones favorables a una actividad económica libre en el marco de la justicia y la equidad, y de este modo le corresponde marcar los límites jurídicos indispensables especialmente para la protección de las partes más débiles. 

La definición de un marco jurídico que salvaguarde una verdadera economía libre supone por lo tanto que las decisiones judiciales no dependan de quien posea más recursos o más poder político, sino de lo que sea verdaderamente justo.

No existen solamente el Estado y el mercado, sino que, además de las grandes empresas con fines de lucro, las personas se agrupan, realizan acciones y buscan objetivos en muchos campos, incluido el económico, naturalmente. 

Estas realidades asociativas son asimismo “grupos intermedios”. La actividad económica se presenta así como un conjunto de muchos centros de acción y decisión. 

En conexión con esto, cabe señalar que el ser humano necesita bienes cuyo disfrute no puede depender de los mecanismos del mercado ni tampoco son competencia exclusiva del Estado. 

Aquí entran las organizaciones sin fines de lucro, que deberían poseer un ámbito de desarrollo amplio también en el terreno de la economía. En ellas se trata de armonizar eficiencia productiva y solidaridad.

En una economía sana que sirva a las personas individual y socialmente, no cuentan solo el lucro ni el control estatal. 

La sociedad entera y las realidades asociativas que en ella se generan gracias a muchas iniciativas, deben estar involucradas con libertad, porque el bien común requiere también equidad y solidaridad.

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