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Miércoles , 21.11.2018 / 13:09 Hoy

Visión Social

Fe, misterio y sociedad

Pedro Miguel Funes Díaz

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Apenas el pasado domingo celebramos en la Iglesia Católica la solemnidad de la Santísima Trinidad; pero la creencia en la Trinidad, es decir, que en Dios uno hay tres personas divinas, Padre, Hijo y Espíritu Santo, es común con todas las denominaciones propiamente cristianas.

Entre las religiones monoteístas el cristianismo se distingue porque sin negar la unidad divina afirma la trinidad de las personas. En el judaísmo en general no se admite la divinidad de Cristo y por lo mismo no cabe el misterio trinitario. En el Islam la unicidad de Dios se asienta de modo tal que no es posible para ellos admitir la trinidad.

La creencia en un Dios trino corresponde a católicos, ortodoxos, protestantes, anglicanos y grupos derivados de estos en general, pero no a algunos grupos como los Testigos de Jehová, por ejemplo. Conviene por ello comprender el significado de esta propuesta y el efecto social que encierra aunque no se sea cristiano, al menos para enterarse de este asunto medular de la fe de muchos que le rodean.

Decir que Dios es Padre, Hijo y Espíritu Santo deriva, en la Tradición cristiana y en los libros del Nuevo Testamento, de la forma en que Jesús se presentó a sí mismo y de lo que donó a sus discípulos como culminación de su obra. Ciertamente, pueden señalarse antecedentes veterotestamentarios, pero como tal es algo propio del Nuevo Testamento, aunque el término “Trinidad” aparece todavía más tarde.

Muchas veces se ha destacado la dimensión de misterio insondable de la propuesta trinitaria, notando que se trata de una revelación de parte de Dios y que de por sí es indemostrable y rebasa la comprensión humana; sin embargo hay que notar que para los creyentes no se trata simplemente de una información piadosa y misteriosa, por lo cual hay que poner de relieve otros aspectos de la cuestión. En efecto, este misterio posee una dimensión vital e incluso práctica.

Según mencionamos, Jesús se presentó como el Hijo de Dios enviado para salvarnos y donó el Espíritu Santo a los creyentes. Por lo mismo, gracias al Espíritu los creyentes siguiendo a Jesús llegan a Dios Padre. Si el seguimiento de Jesús significa amar a Dios y al prójimo, está claro que las cuestiones sociales, enmarcadas en el amor al prójimo, han de realizarse gracias al impulso del Espíritu, en vistas a llegar con el Padre. Así, lejos de favorecer la indiferencia, la creencia trinitaria en sí misma es un aliciente para el servicio y la consecución del bien común en la sociedad.

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