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Miércoles , 17.10.2018 / 03:07 Hoy

Visión Social

¿Extremismo?

Pedro Miguel Funes Díaz

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Se llama extremismo a la tendencia a adoptar ideas extremas, principalmente en el ámbito de la política. Así, suele encontrarse en ciertas expresiones como “extrema derecha” o “extrema izquierda” para referirse a personas, partidos u otras agrupaciones que se supone sostienen algún tipo de ideas extremas.

El problema de tales expresiones comienza por la definición de “derecha” o “izquierda”, pues depende mucho del asunto de que se trate, y también del lugar y tiempo en que se use una u otra palabra. A los nazis, por ejemplo, muchos los podrían considerar de “derecha”, mientras que ellos mismos se definían socialistas, con lo que alguien los ubicaría en la izquierda. Pero no son estos dos los términos a los que deseo prestar atención por ahora, sino en “extremismo”.

Identificar las “ideas extremas” puede depender del punto de vista del que las clasifica de esa manera, ya que para otro pueden no ser extremas o incluso le pueden parecer de signo contrario. A uno le puede parecer extremo que un militante político quiera hacer trampa en unas elecciones o en una consulta política, pero al que está dispuesto a dañar físicamente a sus adversarios le parecerá que el primero es poco combativo por sus ideales, de izquierda o derecha que sean. En otras palabras, una vez que uno se sitúa en un punto del “espectro” político, podría llamar extremistas a todos aquellos que no estén inmediatamente a su izquierda o derecha.

Un punto clave se encuentra en el mismo uso del término. En efecto, “extremismo” denota algo negativo para la mayoría de las personas, pues éstas comparten generalmente la opinión común y quien está más o menos fuera de ella les parecerá más o menos extremista. Así, para desprestigiar a quien se desea, un modo fácil de sembrarle antipatías es calificarlo de extremista, aunque no lo sea.

Este término, como otros similares, es un término que, en algunos casos, pocos, puede ser adecuado, pero que las más de las veces no sirve para entender las posiciones, acciones y propuestas de los actores de la sociedad. La carga emotiva que implica denominar algo como extremista más bien contribuye a causar mayores divisiones y a generar animadversión, en vez de ayudar al diálogo constructivo.

Quizá sería mejor reservar la categoría a los casos en que verdaderamente se trata de extremismo, que supone el recurso incluso al homicidio para imponer sus ideas. El respeto a la persona exige no ceder a la tentación de descalificar por vías fáciles a los demás.

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