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Miércoles , 17.10.2018 / 05:22 Hoy

Visión Social

El Papa en la ONU

Pedro Miguel Funes Díaz

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El pasado 25 de septiembre visitó el Papa Francisco la sede de las Naciones Unidas. Ahí recordó que era la quinta visita de un Papa a la misma (Pablo VI en 1965, Juan Pablo II en 1979 y 1995, y Benedicto XVI en 2008). Destacó los logros de la ONU en sus setenta años de existencia, como la codificación y el desarrollo del derecho internacional, la construcción de la normativa internacional de derechos humanos, el perfeccionamiento del derecho humanitario, la solución de muchos conflictos y las operaciones de paz y reconciliación. Recordó también a todos los que han servido leal y sacrificadamente a toda la humanidad en estos 70 años, especialmente a quienes por ello han perdido la vida.

El Pontífice, siguiendo las ideas de Benedicto XVI expresadas en la "Caritas in veritate", tocó un punto delicado e hizo notar en su discurso la necesidad de reformas y de adaptación de la ONU a fin de que -como meta- todos los países puedan realmente participar e incidir de forma equitativa en las decisiones internacionales. Así, se refirió a la necesidad de que esto se logre en "los cuerpos con efectiva capacidad ejecutiva, como es el caso del Consejo de Seguridad, los organismos financieros y los grupos o mecanismos especialmente creados para afrontar las crisis económicas". Sin decirlo directamente aludió a las diferencias de peso en el seno de la misma ONU de las propuestas de los países según su poderío militar y económico.

En relación a la economía instó a velar por el desarrollo sostenible de los países y a que no queden bajo sistemas crediticios cuyos mecanismos producen mayor pobreza, exclusión y dependencia. Para él, la labor de las Naciones Unidas consiste en la promoción de la soberanía del derecho, dado que la justicia es indispensable para alcanzar de verdad la fraternidad universal.

El Papa Francisco sostuvo que en el derecho está implícita la limitación del poder y aseguró que "Dar a cada uno lo suyo, siguiendo la definición clásica de justicia, significa que ningún individuo o grupo humano se puede considerar omnipotente, autorizado a pasar por encima de la dignidad y de los derechos de las otras personas singulares o de sus agrupaciones sociales". Por ello, la distribución del poder entre varios sujetos y un sistema jurídico adecuado son los caminos para la limitación del poder.

El Santo Padre relacionó dos temas sobre los cuales ha mostrado una especial preocupación, ahora que se presentan muchos falsos derechos: el problema del ambiente natural y el de los excluidos. Ya que el universo proviene de una decisión de amor del Creador, que permite al hombre servirse de la creación pero no abusar de ella, hizo ver que "el abuso y la destrucción del ambiente van acompañados por un imparable proceso de exclusión" y "un afán egoísta e ilimitado de poder y de bienestar material lleva tanto a abusar de los recursos materiales disponibles como a excluir a los débiles...".

La próxima semana hablaremos de otros puntos del discurso en los que se profundiza en la situación actual y se ofrecen luces que, desde el punto de vista ético, pueden contribuir a encontrar soluciones.

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