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Viernes , 14.12.2018 / 22:45 Hoy

Visión Social

Domingo y política

Pedro Miguel Funes Díaz

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Los católicos que asisten a misa los domingos seguramente saben que después de recitar el credo sigue lo que se denomina “Oración universal”, en la que presentan a Dios diversas peticiones. El sacerdote hace una brevísima introducción y después se van diciendo las peticiones, muchas veces pasando algunos de los fieles a proponerlas a la asamblea, que a cada una responde “Te rogamos, Señor” u otra frase similar.

Dentro de la oración universal se formulan al menos cuatro peticiones fundamentales, y pueden añadirse otras. Lo interesante es que una de esas cuatro peticiones básicas es esencialmente política. En efecto, normalmente después de la primera en que se pide a Dios por la Iglesia y por quienes la guían, la segunda petición pide por el pueblo y por sus gobernantes. Así, tenemos por ejemplo tenemos: “Por todos los pueblos de la tierra, para que les conceda vivir en concordia” o bien: “Supliquemos la fortaleza del Señor para todos los que gobiernan las naciones”.

Existen muchas variantes de la petición, en unas se pide por el bien de los pueblos, en otras se pide en particular por los gobernantes. En todo caso, estas peticiones pueden llamarse “políticas” no en el sentido partidista del término, sino en el sentido más profundo, en el que más allá de las perspectivas de acaparar e incrementar del poder, se define la política en relación al bien común como fin al que el poder político debe encaminarse y a cuya consecución todos están llamados a participar.

La actitud cristiana de fondo respecto a la política es ciertamente de aprecio, pero también de relativización, en cuanto que los anhelos de los creyentes van más allá de los bienes temporales porque esperamos una vida trascendente. El aprecio se deriva de que es a través del bien que hagamos en esta vid como, por la gracia, podremos acceder al bien eterno: “tuve hambre y me disteis de comer...”

En las primeras comunidades cristianas ya se solía pedir por los gobernantes, incluso en los casos en que dichos gobernantes desencadenaban graves persecuciones. Se tenía la conciencia de que la Providencia divina, es decir, el cuidado de Dios sobre el mundo y en especial sobre las personas, era lo que al fin y al cabo decidía la historia. Hoy en día, los cristianos hemos de ser conscientes de que, aparte de las simpatías, antipatías, virtudes y vicios de los gobernantes, siempre

hemos de tener la política en nuestras oraciones, especialmente en la misa dominical.

dominical.

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