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Viernes , 19.10.2018 / 02:28 Hoy

Visión Social

Dignidad del trabajo

Pedro Miguel Funes Díaz

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Trabajo humano son las actividades en las que, usando diversos recursos, instrumentos y medios técnicos, el ser humano produce los bienes necesarios para su vida y su desarrollo. Esto es el "dominar la tierra" del que habla el Génesis, pero no se trata de un dominio arbitrario y caprichoso, sino de uno con sentido de perfección y plenitud.

Toda actividad tiene su origen en un sujeto, y el trabajo humano precisamente deriva de un agente cuya perfección y plenitud no se agotan en alimentarse biológicamente. De ahí que su trabajo se vincula necesariamente a su condición y dignidad como persona. Por ello en el trabajo se distinguen dos aspectos: uno el de la actividad que produce y otro el del sujeto que trabaja. Ambos aspectos no deben separarse.

El aspecto objetivo del trabajo puede variar, y de hecho ha variado, de un tiempo a otro, de una cultura a otra, de un lugar a otro, según muchos factores que inciden en la producción de los bienes, pero el sujeto del trabajo, es decir quien trabaja, permanece igualmente digno en toda circunstancia. Si antes se producía un bien usando tal materia prima, con tales instrumentos y con tales técnicas, ahora se produce con otra materia prima, con diferentes instrumentos y con nuevas técnicas. Quien trabaja es siempre un ser humano.

La relación entre trabajo en su aspecto productivo y trabajo en cuanto al sujeto que trabaja suele proponerse como la relación entre el trabajo en sentido objetivo y el trabajo en sentido subjetivo. Hay que aclarar que no debe confundirse esta subjetividad del hacer con la subjetividad del conocer, según la cual el sujeto conoce el objeto de acuerdo a su propio punto de vista. En otras palabras, no se habla aquí de lo que un sujeto piensa del trabajo, sino del sujeto-agente que lleva a cabo el trabajo.

La subjetividad, entendida como hemos mencionado, es lo que le da al trabajo el valor que le corresponde, su dignidad. Por ello el trabajo no es nada más una mercancía, como si se tratara de algo impersonal que forma parte de un proceso anónimo de producción. Ciertamente el trabajo posee un valor objetivo y es justo que así sea, sin embargo, cuando decimos "gracias" apuntamos hacia este aspecto subjetivo del trabajo. En efecto, decimos "gracias" aunque hayamos pagado por el bien o por el servicio, porque, aunque el bien o el servicio tienen un valor económico, la persona que nos lo ofrece o que lo ha producido no puede reducirse a una cantidad de dinero.

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