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Lunes , 12.11.2018 / 21:43 Hoy

Visión Social

Descanso y dignidad

Pedro Miguel Funes Díaz

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Todos hemos sentido la necesidad de descansar después de haber gastado nuestras energías en el trabajo. El mismo Jesucristo quiso llevar a sus discípulos a descansar un poco, “Porque eran tantos los que iban y venían que no encontraban tiempo ni para comer. Se fueron en barca a un sitio tranquilo y apartado”. Es cierto que, en esa ocasión, la gente los fue a buscar hasta ese sitio y no les dio oportunidad de descansar mucho, pero está claro que también estaban sujetos al cansancio.


En el “Compendio de la doctrina social de la Iglesia” se afirma, recordando el libro del Génesis, que “El descanso festivo es un derecho. ‘El día séptimo cesó Dios de toda la tarea que había hecho’: también los hombres, creados a su imagen, deben gozar del descanso y tiempo libre para poder atender la vida familiar, cultural, social y religiosa. A esto contribuye la institución del día del Señor. 


Los creyentes, durante el domingo y en los demás días festivos de precepto, deben abstenerse de ‘trabajos o actividades que impidan el culto debido a Dios, la alegría propia del día del Señor, la práctica de las obras de misericordia y el descanso necesario del espíritu y del cuerpo’. Necesidades familiares o exigencias de utilidad social pueden legítimamente eximir del descanso dominical, pero no deben crear costumbres perjudiciales para la religión, la vida familiar y la salud”.


Quizá alguien se podría preguntar por qué siendo todopoderoso se dice que Dios descansó. En efecto, estrictamente Dios no necesita descanso, pero el texto nos indica más bien una perfección derivada de la realización de una obra, que es el disfrutar de ella. Descansar indica así el gozo de haber llevado algo a su término. En los seres humanos esto implica además un desgaste y exige un período de reparación de energías.


Descansar un día a la semana ha significado un gran avance social. No tiene sentido el trabajo por el trabajo. Trabajar nos lleva a mejorar el mundo y a mejorar nosotros, pero nos debe llevar sobre todo a que podamos atender las cosas más valiosas de la vida. 


De ahí que, cuando la pobreza impide a las personas disfrutar del descanso nos hallemos en una situación que atenta contra la dignidad humana. Por lo mismo, es una importante obra de caridad ocuparse de promover el progreso de la sociedad de modo que nadie quede excluido del descanso concomitante al derecho al trabajo. Este es un campo de especial atención para las autoridades y los patronos.

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