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Lunes , 25.06.2018 / 03:58 Hoy

Visión Social

Bondad y justicia

Pedro Miguel Funes Díaz

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El término justo se usaba en el Antiguo Testamento para designar un hombre bueno o, todavía más, un hombre santo, es decir, uno que cumplía la ley. De este modo se entiende la justicia como como el conjunto de las virtudes gracias a las cuales quien las tiene es bueno.

Si se atiende en cambio a su distinción y puesto entre las virtudes cardinales, que son además de ella la prudencia, la fortaleza y la templanza, la justicia es aquella por la cual una persona se inclina a dar a cada quien lo que le corresponde o lo que le pertenece.

Podemos usar el término para hablar de otras cosas relacionadas con esta virtud y, así, hablamos de justicia cuando nos referimos a algo que debe hacerse según la razón o, más rigurosamente, según el derecho. También puede designar el castigo o los castigos que algún delincuente merece por sus crímenes o incluso designar el mismo poder judicial.

Suelen distinguirse varios tipos de justicia. La justicia que regula la proporción que debe haber entre las cosas, cuando se dan o cambian unas por otras se llama justicia conmutativa, pues conmutar quiere decir cambiar una cosa por otra. A este tipo de justicia nos referimos, por ejemplo, cuando hablamos de precio justo o injusto. Se habla de justicia conmutativa cuando se trata de relaciones entre particulares.

La justicia distributiva se refiere al modo de relacionarse de la comunidad con sus individuos, o sea, a la asignación de los bienes en una sociedad. A esta justicia se refiere el Catecismo de la Iglesia Católica cuando afirma que "los superiores deben ejercer la justicia distributiva con sabiduría, teniendo en cuenta las necesidades y la contribución de cada uno y atendiendo a la concordia y la paz. Deben velar porque las normas y disposiciones que establezcan no induzcan a tentación oponiendo el interés personal al de la comunidad".

Suele hablarse mucho en nuestros días de justicia social que puede definirse, siguiendo el mismo documento, como aquella que en la sociedad "permite a las asociaciones y a cada uno conseguir lo que les es debido según su naturaleza y su vocación. La justicia social está ligada al bien común y al ejercicio de la autoridad".

Un presupuesto básico para el ejercicio de la justicia es el reconocimiento de la dignidad de los demás y, por lo tanto de la igualdad esencial de todo ser humano. Al mismo tiempo y en armonía con esto, el ejercicio de la justicia necesita también reconocer las diferencias, que obviamente no son esenciales, pero que también son importantes para poder dar a cada quien lo que le corresponde. Así, está claro que un niño y un adulto poseen igual dignidad, pero no puede pedirse a uno lo mismo que al otro, porque varía la madurez, responsabilidad, la capacitación, etc.

Anhelamos una sociedad justa, por ello debemos practicar la justicia, comenzando en nuestra casa. Creo que todos tenemos la experiencia de situaciones injustas y nos indignamos ante las grandes injusticias que se cometen en el mundo. Empecemos por no cometerlas nosotros en la vida cotidiana y recordemos, si somos creyentes, que una de las bienaventuranzas dice precisamente: "Bienaventurados los que tiene hambre y sed de justicia, porque quedarán saciados".

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