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Lunes , 18.06.2018 / 11:17 Hoy

Visión Social

Anuncio y denuncia

Pedro Miguel Funes Díaz

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Después de caer la gran Tenochtitlan, al asentarse el nuevo gobierno y comenzar la estructuración de la Nueva España, se presentó un serio problema social, semejante al que se vivió en otras latitudes del continente, y que consistió en los abusos que se perpetraban en perjuicio de la población indígena.

Por su acción decidida en este ámbito en favor de la justicia y, por tanto, de la defensa de los indios, se recuerda con admiración a muchos de los primeros evangelizadores y personajes eclesiásticos como Fray Juan de Zumárraga, Fray Toribio de Benavente (Motolinía), Tata Vasco, etc.

Como en ese entonces, hoy en día nos seguimos encontrando con situaciones de injusticias, unas viejas y otras nuevas, ante las cuales se necesita alzar la voz.

El ejemplo de aquellos hombres puede sin duda iluminarnos e inspirarnos para levantar la nuestra.

Sin embargo, siendo una parte irrenunciable, la denuncia no puede prescindir de un trabajo arduo en sentido positivo para que se promuevan los principios del bien común, de la solidaridad y de la subsidiaridad, así como la justicia, la verdad y la paz.

Se necesita ciertamente denunciar aquello que es contrario a la dignidad de la persona; pero la denuncia será inútil si no se apoya en la promoción tanto en las palabras como en las obras, del respeto a dicha dignidad.

En este terreno, la Doctrina Social de la Iglesia exhorta a que el compromiso se dé en la doble dirección del anuncio y la denuncia, de modo que esta última encuentre en el primero su "verdadera consistencia" y "motivación más alta".

El esfuerzo de anuncio y denuncia propuesto no se ha de cumplir solamente dentro de los límites de la Iglesia Católica, como el mismo documento lo indica.

Debe llevarse a cabo en colaboración ecuménica (es decir con todos los cristianos) y en diálogo incluso con otras religiones, así como con organismos diversos nacionales e internacionales.

El anuncio nos manifiesta un aprecio optimista del ser y de la cultura humanas, mientras que la denuncia nos hace recordar que somos seres limitados que podemos equivocar la senda.

Lógicamente los cristianos confiamos sobre todo en que el Espíritu Santo enviado por el Señor toca los corazones de todos los hombres para que contribuyamos a la construcción de la paz y tratemos de mejorar nuestro país y el mundo en general, de modo que todos podamos alcanzar los bienes materiales y espirituales que necesitamos para nuestra realización como seres humanos.

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