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Domingo , 17.06.2018 / 18:41 Hoy

Visión Social

Ante el terrorismo

Pedro Miguel Funes Díaz

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Naturalmente los ataques en París de estos últimos días nos impactan fuertemente y la muerte de dos mexicanas en ellos parece poner todavía más de manifiesto que los problemas del mundo están, querámoslo o no, cerca de nosotros. Si la condena de los países es general, los interrogantes que quedan tras estos deplorables hechos permanecen sin solución.

Las consecuencias del terrorismo como forma brutal de violencia son las de acrecentar el odio y el deseo de venganza, sobre todo porque los objetivos de las acciones de este tipo no son militares sino lugares de la vida cotidiana, donde se cobra la vida de personas totalmente inocentes. Sin embargo, si queremos los hombres de hoy evitar la repetición de estos crímenes es necesario ir más allá del efecto trágicamente espectacular y triste, y tenemos que buscar las causas de donde deriva ésta realidad, puesto que exigencia indispensable para luchar contra el terrorismo es la creación de las condiciones que eviten su nacimiento, en cuanto es posible.

Lo acontecido en Francia es una amarga extensión del drama que viven millones de personas en las áreas de conflicto del Medio Oriente, hombres, mujeres y niños víctimas también del odio asesino. A veces parece perderse la sensibilidad por aquellos que el conflicto ha desplazado de sus pueblos y por los que mueren en ellos sin muchas veces poder ni siquiera defenderse.

¿Cuántos graves errores, ya no digamos políticos, sino humanitarios, se pueden descubrir en la conformación de los estados en el Oriente Medio desde el siglo XIX? ¿Cuánto las grandes potencias han sabido manejar las crisis y los conflictos poniendo el acento en la paz y no en las ventajas políticas y en los intereses económicos? Lógicamente las respuestas se prestan al debate y a posturas varias, pero creo que sería posible aprender.

Como muchos otros graves problemas, el del terrorismo no tiene una solución inmediata y simple. No bastarán las operaciones punitivas, aunque puedan tener una justificación ética y pudieran ser incluso necesarias. Es indispensable también el análisis que ponga en evidencia los motivos subyacentes para que el mal pueda ser atacado en su raíz.

Ciertamente una de las raíces, no la única, de este terrorismo particular, es de índole religiosa. Por eso cabe recordar a san Juan Pablo II, que en 2001 dijo claramente que era una profanación y una blasfemia proclamarse terroristas en nombre de Dios y en el mensaje para la Jornada mundial de la paz de 2002 añadió que ninguna religión puede tolerar el terrorismo ni, menos aún, predicarlo.

Algunas personalidades en aquellos países han manifestado un pensamiento abierto y razonable contra las propuestas extremistas, como el presidente de Egipto cuando, en junio del año pasado, afirmó que se necesita "extirpar el absurdo pensamiento que sostiene que 1.6 mil millones de musulmanes pueden llevar la muerte y la destrucción a los otros 7 mil millones de habitantes del planeta".

Los cristianos sabemos, por otra parte, que un factor decisivo, aunque escondido o desconocido por otros, está en la oración. Hemos de orar por la paz, que es una aspiración del corazón de todos los hombres. Empecemos por ahí.

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