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Lunes , 22.10.2018 / 22:27 Hoy

Tribuna

El descuidado primer cuadro

Pedro Elizalde

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La aparición, con más frecuencia, de personas indigentes y enfermas de sus facultades mentales en el primer cuadro de la ciudad, es un problema que no se quiere ver ni mucho menos atender.

El domingo llamó la atención la presencia de una mujer postrada en la zona peatonal de la calle Díaz Mirón, a unos metros del palacio municipal, pero tal vez por ser día inhábil no atrajo la atención oficial.

Era evidente que padece problemas psiquiátricos. La persona, tendida a unos pasos de la entrada de un exclusivo club social, permaneció por un largo tiempo, y a decir de empleados de los comercios cercanos ahí amaneció.

Propietarios de negocios comentan la situación en las reuniones de sus organismos empresariales. El tema les preocupa porque ven que son más los pedigüeños y sin hogar que llegan a la zona comercial del centro.

Al respecto la autoridad no tiene un respuesta integral, peor aún, los consultados sobre el particular, a quienes no se les pidió que los fueran a retirar, respondieron que no era asunto de su incumbencia y, todavía más, le botaron el asunto al DIF.

Es en serio, el preguntar a quienes son los responsables de los asuntos públicos de la ciudad era para conocer si existe un plan que responda a lo que es evidente, la presencia en mayor número de enfermos mentales en las calles peatonal, semi peatonal, y de la perímetro del primer cuadro.

El deslinde exhibe que no lo hay. Igual la reacción inmediata es retirar a esa gente con la fuerza pública e internarla en una institución de salud pública especializada, sino es que devolverla porque una actitud muy sospechosista sugiere que la creciente presencia de enfermos mentales en la vía pública coincide con el momento en que el único hospital de la zona se encuentra en un proceso de transformación.

Pero la realidad es que no existe un programa público transversal, concepto de moda por estos tiempos, en el que intervengan las diferentes dependencias de gobierno involucradas para detectar, asegurar y atender a este tipo de personas.

Por cierto, entre la clase empresarial con inversiones en el centro prevalece un consenso de que no solo los mendigos y enfermos mentales “afean” el primer cuadro, también la falta de un reglamento que exija la armonización de las fachadas y aparadores de los negocios en la zona.

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