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Martes , 19.06.2018 / 11:29 Hoy

Tribuna

Desigualdad: no tener las mismas oportunidades

Pedro Elizalde

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Uno de los tres males bien identificados de nuestro país es la desigualdad; los otros dos, la corrupción y la impunidad. El orden es lo de menos: promesas de erradicarlos se escuchan cada que se viene una elección; pero lejos de eso, permanecen. Pareciera que son parte de nuestra cultura.

Que sean muchos los que nada tienen y unos cuantos tengan lo que tres generaciones siguientes no se alcanzarán a gastar, eso es la justicia social que hace falta en ésta y, es cierto, también en otras sociedades.

Por ejemplo, son demasiados los que no tienen acceso a servicio médico cuando se enferman. Otros tantos, que al igual son bastantes, tenemos una seguridad social cada vez más decadente.

En la otra cara de la realidad, un puñado de beneficiados atiende sus malestares físicos en firmas hospitalarias privadas, también son clientes de instituciones médicas de Estados Unidos, incluso el pago del erario por servir al pueblo da para visitar a médicos de Beverly Hills para verse bien y sentirse mejor.

Hay millones que no tienen acceso a otro derecho fundamental como lo es la vivienda digna, y se tienen que conformar con asentarse en la periferia de las urbes sin el mínimo de servicios básicos. El grueso de la población puede acceder a un crédito de vivienda por el que estará endeudado la mayor parte de su existencia.

Por el contrario: una clase minoritaria, la política, tiene para levantar mansiones en las zonas más exclusivas del país, y hasta para tener casa en Texas, Miami, Nueva York, Europa o cualquier otro lugar del mundo, tan solo por el privilegio de estar donde hay (recursos públicos).

En derecho a la educación, la situación es parecida: pese a que viven de recursos públicos, no utilizan la formación académica que financia el Estado mexicano; incluso hay quienes tienen para mandar a estudiar a su familia al extranjero.

El reverso de la moneda, un ejemplo muy a la mano. Un aspirante a la carrera de Medicina debe concursar por uno de los 100 lugares que ofrece la universidad más accesible al bolsillo de sus padres, de entre 500 también con las mismas aspiración y posibilidad.

De no salir elegido, las opciones en escuelas particulares se salen de su realidad económica. Entonces, ¿qué se le dice al aspirante a doctor? ¿Que busque otra carrera profesional porque aún no se tienen los suficientes espacios para estudiar lo que se quiera?

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