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El desafío del pensar

UNAM: Autonomía universitaria

Paulina Rivero Weber

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Hace no mucho, con la sabiduría que le caracteriza, Miguel León Portilla se refirió a la autonomía universitaria de la siguiente manera: “Existir como entidad autónoma de derecho público no es un regalo o concesión del Estado sino una conquista del pensamiento, que sólo puede desarrollarse en un ámbito de libertad.” Esa libertad se concreta en dos ámbitos: el que atañe a los órganos y normas del gobierno de la UNAM y el de la libertad de cátedra.

En lo que atañe a los órganos y normas del gobierno, son más de setecientos los cuerpos colegiados que dirigen el rumbo de nuestra máxima casa de estudios. El más elevado de ellos, el Consejo Universitario, sesiona cuatro veces al año; los Consejos Técnicos de cada entidad sesionan una o dos veces al mes; los Consejos Internos, las Comisiones Dictaminadoras, las Comisiones Permanentes, las especiales y las mixtas, entre otros órganos colegiados, sesionan tanto como sea necesario.

En cuanto a la libertad de cátedra, la autonomía es garante del progreso intelectual de la UNAM. Esa libertad garantiza la pluralidad en el estudio tanto de los avances científicos como como de cualquier corriente artística o filosófica. Los gobiernos del país pueden ir y venir de izquierda a derecha, de liberales a conservadores, pero la UNAM continúa investigando y enseñando todos los temas y problemas del conocimiento humano.

A lo anterior debemos agregar que, al ser la Universidad de la Nación, de la UNAM —y de su presupuesto— dependen el Servicio Sismológico Nacional, el Observatorio Astronómico Nacional (uno de los mejores del mundo), la Hemeroteca Nacional, la Biblioteca Nacional, dos buques océanicos, dos orquestas sinfónicas… y mucho más: sin la UNAM, México no sería el mismo. Es donde el hijo de un albañil puede ser ingeniero; donde la hija de un campesino puede llegar a ser médico: es el lugar de mayor movilidad social del país. De su autonomía depende el desarrollo de México a través de las vicisitudes políticas que que aun hemos de vivir en los decenios por venir. Centro de movilidad y transformación social, la UNAM es, como bien lo dijo León Portilla, el semillero que hace posible la transformación del país.

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