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Viernes , 14.12.2018 / 23:34 Hoy

El desafío del pensar

Vivir sin horizonte

Paulina Rivero Weber

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¿Qué ve un joven frente a sí? Un país en creciente violencia e inseguridad, con falta de empleo, dificultad para adquirir una vivienda propia o un trabajo digno, y la imposibilidad de tener acceso a una buena educación. Es por eso que muchos jóvenes caen en la desesperanza y pierden el sentido para sus vidas: viven sin un horizonte, sin metas de más de un día.

El horizonte es la forma en que percibimos nuestro futuro; es lo que otorga un sentido a nuestros pasos y muestra “hacia dónde” caminar. Pero ¿qué horizonte puede percibirse en medio de la violencia y la desesperanza?

La ausencia de éste provoca la pérdida de valores éticos: sin un horizonte da igual hacia dónde caminar, no hay una brújula que guíe nuestras acciones. Ese es el daño más grave que han dejado la corrupción y la desigualdad. Si los altos mandatarios roban y se enriquecen, pagar impuestos comienza a sentirse como la entrega del propio trabajo a un ladrón. Si los altos mandatarios roban y se enriquecen, el resto del pueblo, con verdaderas carencias, se siente autorizado a robar e intentar enriquecerse. La desigualdad y la corrupción han creado la delincuencia que, como una cuña, poco a poco se ha insertado en la sociedad y ha avanzado de robar, a golpear y de ahí a secuestrar o matar.

Lo que sigue lo conocemos: la inseguridad ha desbarrancado la calidad de vida para todos por igual. Más que vivir, hay que concentrarse en sobrevivir: no camines por ahí, no ayudes a nadie, no te acerques a quien te pregunta algo, no respondas el teléfono, no escuches a quien dice que secuestró a tus hijos...

El remedio de raíz es acabar con la desigualdad y con la corrupción: sólo así el horizonte dejará de percibirse como un infierno y podremos conformar nuevamente una idea de Patria. La Patria es la tierra del padre en la que, por definición, todos somos hermanos. Pero los hermanos habitan en la misma casa, no en casas tan desiguales. En la desigualdad no somos hermanos: somos extraños. Imposible una idea de “Patria” cuando el pueblo está dividido entre pobres y ultra-millonarios.

La desigualdad y la corrupción son los enemigos a vencer si queremos tener una Patria que nos albergue como verdaderos hermanos.

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