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Lunes , 18.06.2018 / 22:44 Hoy

Columna de Paulina Rivero Weber

Posgrados en la UNAM, para crear un mejor país

Paulina Rivero Weber

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Alo largo de las últimas semanas se ha dejado ver la punta de un iceberg a través de diferentes medios de comunicación. Estudiantes que desean continuar con su educación a través de una maestría o un doctorado en la UNAM se han manifestado por medio de cartas y entrevistas en torno a la imposibilidad de lograrlo; requisitos incoherentes, procedimientos poco claros y malos tratos son las quejas más frecuentes.

El posgrado en filosofía ha sido una especie de “centro orbital” en torno a esta cuestión. En un intento de resolver la situación, los tutores del área de filosofía solicitamos hace meses una entrevista con las autoridades de nuestro posgrado que, aunque algo tarde, finalmente se logró. En ella el Comité Académico y la coordinadora escucharon algunas demandas que ahora ya son públicas: los requisitos para el ingreso han sido oscuros y se han duplicado de manera absurda, con lo cual la burocracia ha crecido y, paradójicamente, cada vez hay menos alumnos de posgrado.

Como dije, todo ello es la punta de un iceberg y lo que requiere una solución de fondo es el problema, el cual es sencillo de explicar: la mayoría de los posgrados de la UNAM cuenta con el nivel de excelencia que otorga el Consejo Nacional de Ciencia y Tecnología (Conacyt), por lo que sus alumnos reciben una beca. Dicha prebenda los obliga a graduarse en los tiempos establecidos y, de no cumplir con ellos, el peligro es que el posgrado quede fuera de los considerados “de excelencia” por el Conacyt, con lo cual se perderían dos cosas: las becas y el reconocimiento de esa entidad.

Algunos coordinadores de los posgrados consideraron que al aceptar menos estudiantes se podrá cumplir mejor con la eficiencia terminal y contarán con más alumnos graduados. Pero eso es un absurdo que provocaría risa si no fuera por lo mucho que ha afectado a cientos de jóvenes.

Semillas sin germinar

Para entendernos mejor, imaginemos un campo de cultivo atendido por cien campesinos. Cada semilla sembrada debe lograrse, por lo cual en lugar de plantar cien semillas, se decide sembrar únicamente nueve. ¿Qué hacen el resto de los 91 campesinos? Quejarse por no poder trabajar: ese es el reclamo de los tutores del posgrado. Y ¿qué hacen con el resto de las 91 semillas? No germinar, no llegar a ser. Solo que en este caso nuestras semillas, los jóvenes aspirantes al posgrado, hablan y se están haciendo escuchar.

Imaginemos ahora que quienes toman las decisiones nos expliquen que no es que tengamos pocas semillas, sino que somos “demasiados campesinos”… No, señores: no. No hay “demasiados tutores”, como se ha llegado a decir: lo que nos hace falta es contar con más alumnos: aquellos que seamos capaces de cuidar y conducir a buen término.

En ese tenor, en la reunión que los tutores sostuvimos con la coordinación del posgrado en filosofía, se propuso la posibilidad de establecer únicamente dos requisitos a los aspirantes: un magnífico proyecto de maestría o doctorado y un tutor que se comprometa a conducirlo a buen término. La respuesta de las autoridades fue negativa, pero al menos se propuso abrir una nueva convocatoria para agosto, en la cual apliquen criterios más claros en la elección de los alumnos.

Hasta ahora los aspirantes rechazados se reúnen en grupos cada vez mayores para decidir qué hacer. Los tutores continuamos pidiéndoles a estos alumnos en potencia que sean pacientes, con la esperanza de que las autoridades de ese ámbito académico comprendan que la UNAM tiene posgrados de excelencia no por contar con el reconocimiento de una instancia externa, sino por nuestra capacidad para educar. Y que entiendan que los jóvenes quieren estudiar, no simplemente para contar con una beca, sino porque es un medio para acceder a un mejor nivel de vida y, sobre todo, para crear un mejor país.

Como bien lo dijo Platón: todo es producto de la educación y a la vez todo se fundamenta en ella. Esperemos que pronto las quejas de tutores y aspirantes encuentren una respuesta lógica y viable.m

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