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El desafío del pensar

Pensar y reír

Paulina Rivero Weber

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Cada martes leo los comentarios que hacen a esta columna; el pasado leí uno que con gusto recordé toda la semana. Se refería a mi escrito sobre la inexistencia del verbo “ser” en chino antiguo y algunas de sus repercusiones. El comentario, genial desde mi punto de vista, fue: “Está bien que pensar sea un desafío, pero no abuse. Otra columna igual y me funde el bulbo raquídeo.” Todavía lo escribo y vuelvo a reír.

El sentido del humor requiere mucha inteligencia, pero la capacidad de reír no ha sido valorada en Occidente; a lo largo de milenios los filósofos la despreciaron. Platón consideró la risa como un vicio que deja ver el dominio del cuerpo sobre la psique y Aristóteles la consideró una mueca de fealdad que deforma el rostro y desarticula la voz. Luego los padres de la iglesia se encargaron de rematar esas ideas con broche de oro: quienes ríen ahora, llorarán después (Lucas, 6, 25) ya que la vida es “un valle de lágrimas”.

El siglo XVII dio a la filosofía una nueva perspectiva de la risa y la alegría; la Ética de Baruch Spinoza derivó todo cuento sentimos, pensamos y hacemos, de una de las dos fuerzas básicas: la tristeza (tristitia) y la alegría (laetitia). La tristeza no conduce a nada positivo; de ella Spinoza deriva odio, rencor, miedo, angustia y todos los afectos que dañan al ser humano, mientras que de la alegría deriva los afectos positivos que le engrandecen.

Fue hasta el siglo XX que se tomó en serio la risa: Henri Bergson consideró que reímos ante algo que resulta incongruente, lo cual requiere de cierta ética para no reír de lo que lastima a otros. De modo cercano, en Risa redentora Peter Berger consideró que la filosofía occidental comenzó con la metáfora del enfrentamiento entre pensar o reír ante lo incongruente: el pensar lo ejemplifica Tales de Mileto cayendo en un pozo y el reír, la esclava tracia que ríe de Tales por “saber lo que pasa en el cielo y olvidar lo que tiene frente a sí y ante sus pies”.

Quien piensa demasiado, como Tales, corre el riesgo de caer ya no digamos en un pozo, sino en un abismo. Quien ríe, como la esclava tracia, sabe que rendirse puede ser también una forma de liberación. Gracias René Grido (Jajaja).

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