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Miércoles , 14.11.2018 / 01:07 Hoy

Columna de Paulina Rivero Weber

Ética o bienestar

Paulina Rivero Weber

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A lo largo del último año hemos escuchado muchas quejas y temores acerca del otrora candidato de Morena a la presidencia. Puede palparse el temor reiterado de que, por tomar medidas populares, Andrés Manuel López Obrador lleve al país a una quiebra económica.

Cuando las quejas son argumentadas de manera racional, permiten el diálogo inteligente. Pero, así como existen fanáticos pro-AMLO, existen fanáticos anti-AMLO, cuyas quejas no tienen más fundamento que el temor o incluso el odio al cambio. Lo que olvidan estos últimos es que AMLO es la exacta consecuencia de los gobiernos anteriores.

Tanto el PRI como el PAN catapultaron a AMLO al poder. El primero ejerció su dominio por 70 años. Ya cansado de una creciente ineficiencia, el país votó por el PAN en dos periodos consecutivos al final de los cuales la gente pidió lo que decía aquel grafiti que a muchos hizo reír: “Que se vayan los pendejos y regresen los corruptos”.

Y regresaron: con una corrupción grotesca desperdiciaron de una manera increíblemente banal su oportunidad del siglo. Entre despilfarro, inseguridad, impunidad y trivialidades, el pueblo se hartó y por vez primera votó por López Obrador: él es simplemente la consecuencia directa del mal gobierno.

Pero no olvidemos que el pueblo no tiene ideología, ni vota con base en una ética: busca, con todo derecho, su bienestar. Véase el caso de Brasil, que pasó de Lula a Bolsonaro: son exactamente los mismos votantes los que le dieron ese giro brutal a su país. El voto no lo decide una filosofía, sino la aceptación o el rechazo a lo que un partido significa.

Si fue un error o no votar por López Obrador, eso se tendrá que ver a lo largo de los próximos seis años. El voto fue por la esperanza de cambio que él simbolizó. Insisto: el pueblo no tiene ideología, votó por la esperanza de un cambio. Pero precisamente el presidente electo, al representar un cambio radical, es la consecuencia inmediata del mal gobierno de estas últimas décadas.

Eso es algo que el mismo López Obrador no debe olvidar, porque si su gobierno resulta otro mal gobierno, en seis años tendremos también nuestro Bolsonaro. El pueblo no tiene ideología: el sustento ético de su voto es, con toda justicia, la búsqueda de su bienestar.

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