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El desafío del pensar

Ética del Yin Yang

Paulina Rivero Weber

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Como gran parte de las lenguas, el castellano nos hace una mala jugada con la existencia del verbo "ser". Este verbo remite a la permanencia, pareciera que al decir "Yo soy profesora", por ejemplo, pudiera definir aquello que soy. Lo anterior es una ilusión, pues soy muchas cosas más: madre, esposa, hija, amiga... la ilusión creada por la idea de "ser" se fundamenta y a la vez promueve no solamente una falsa idea de permanencia, sino también fortalece el hábito de tomar la parte por el todo.

Algunos idiomas carecen en absoluto de ese verbo, como sucede en el chino antiguo. Desde su forma de ver las cosas no "soy" profesora, ni esposa, ni madre ni hija: yo asumo la perspectiva desde mi función de profesor, madre o esposa, pero decir que "soy" sería ridículo.

Y es que para el chino, en general, la dualidad yin-yang es fundamental. Nada "es", todo se encuentra en proceso de pasar a yin o a yang. Como jefa, soy yang: fuerte, debo ir a la cabeza y mandar. Pero siendo jefa mi auto puede averiarse y al abrir el cofre comprendo que soy yin: mi falta de conocimiento al respecto me coloca en una posición de debilidad frente al que sí sabe, y debo acatar las instrucciones del mecánico, quien ahora es yang.

Claro: una persona puede ser a la vez jefa y amiga, pero cada relación tiene su momento. Cuando se es amiga no se comanda: se escucha, se atiende y se cuida. Cuando se es jefa se comanda y quien confunde la amistad con el trabajo está destinado, sin duda, al fracaso, porque quien así actúa no muestra flexibilidad.

Cada situación vital tiene su momento y requiere un trato y un contexto diferente. Quien se apega a una sola faceta, ya sea propia o de un individuo cualquiera, está destinado a sufrir, cuando menos, malos entendidos. Pero lo que espera a individuos de este tipo es la imposibilidad de relacionarse con las personas a través de las múltiples facetas que la conforman.

Relacionarse de manera unívoca no tiene absolutamente nada de malo mientras la relación sea así. Por eso no es buena idea mezclar el trabajo con la amistad. Del trabajo pueden surgir amistades, pero introducirlas en el ámbito laboral requiere de inteligencia, humildad, experiencia y flexibilidad; cualidades que pocas veces van juntas. Si bien no es imposible, sí es un reto digno de aquellos capaces para enfrentarlo.

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