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Columna de Paulina Rivero Weber

Aquí me quedo

Paulina Rivero Weber

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Entre los muchos memes que circularon la semana pasada, hay uno que me impactó: presentaba la foto del personaje del niño pirruris, diciendo: “AMLO no te va a quitar ni lo pobre, ni lo naco”. De ese modo el niño rico se dirigía a los nacos, pobres: un pincelazo del clasismo en México.

Las experiencias compartidas son lo único que pueden otorgar sentido de unidad a una nación. Pero ¿qué pueden compartir un pirruris con un naco? El primero, con su afectada forma de hablar, representa a la clase adinerada; el segundo al resto de la población, sin importar el color de piel… yo soy blanca y en secundaria me insultaban llamándome naca por negarme a hablar, vestir o comportarme como el resto de las “niñas bien”.

He ahí nuestro problema: una patria dividida por el clasismo. Uno es el México en el que vive un porcentaje mínimo de la población, compuesto por los individuos más ricos del planeta, que tienen en su poder gran parte de la riqueza del país; otro lo conformamos los pocos que podemos subsistir más o menos adecuadamente y otro, el más numeroso, es el de los pobres.

El explorador Alexander von Humboldt consideró que México era el país de las grandes diferencias: lo era en 1803 y continúa siéndolo. ¿Cómo tener un sentido de unidad cuando en una misma nación se vive de manera tan radicalmente diferente?

Por eso me parece importante atender el llamado a la unidad que ha llegado tanto del gobierno saliente, como del entrante. Lo único que puede llevarnos a buen puerto es dejar de lado el encono y colaborar para lograr un México más justo.

No se trata ya de partidos ni de candidatos: debemos hacerlo por todos los que nos llamamos “mexicanos”, para que tengamos en común algo más que la mera ciudadanía. Urge dejar de lado el clasismo tan arraigado en nuestro país y, para ello se requiere sin duda estrechar la brecha económica y disminuir la desigualdad.

Lo dijo Neruda en Aquí me quedo, poema cantado después por Víctor Jara: “Yo no quiero una patria dividida, cabemos todos en la tierra mía”. Hay un lugar para todos si comprendemos que, en efecto, no sólo por el bien de los más pobres, sino por el bien de todos, primero los pobres.

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