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Sábado , 26.05.2018 / 20:42 Hoy

Nada personal

Ni un Duarte más

Pablo Ruiz Meza

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Con la toma de protesta hoy de la nueva Legislatura en el estado vecino de Veracruz, en aquella entidad se empezará a escribir una historia distinta que empiece por la sanación social, la seguridad pública, financiera y de gobernabilidad.

Lo ocurrido en el estado vecino es un mal ejemplo, en todos los sentidos, que debería convertirse en un referente de lo que no debe hacerse en un gobierno.

La entidad veracruzana puede presumir de riquezas en todos los sentidos, de los cinco estados más importantes del país, pero una enfermedad los tiene en terapia intensiva: la corrupción.

Para despedirse del Congreso local, los diputados duartistas le aprobaron la cuenta pública al fugado gobernador con licencia Javier Duarte de Ochoa, y aún así, hoy nos enteramos, han contabilizado más de 16 mil millones de pesos de quebranto patrimonial al estado.

De lo que nos enteramos hoy los mexicanos, y en particular los vecinos, es de la culminación de años de corrupción en aquel estado, rehén de una estrategia de conducir el estado como una bolsa electoral a base de cañonazos de dinero en programas sociales, el eslabón del corporativismo.

Con el potencial turístico, comercial, portuario, agropecuario, forestal y cultural, la economía de aquel estado la redujeron a una entidad subsidiada por la federación para alimentar una pobreza creciente que se convierte en votos como beneficiarios de los programas corporativos.

Aquel estigma norteño de que en el sur sureste se la pasan en la hamaca y en el centro del país una burocracia obesa haciendo grilla todo el tiempo, dibuja el regionalismo que con los hechos le dan la razón a los prejuicios.

Fidel Herrera Beltrán y Javier Duarte de Ochoa, serán para la historia contemporánea de la política mexicana, los ejemplos más ilustrativos de gobernantes bananeros tercermundistas, pero no son los únicos en el país.

Se fugó Duarte y dejó una estela de desgracias por la inseguridad pública y una crisis de gobernabilidad por desfondar las finanzas públicas del estado, municipios y organismos descentralizados. Una vergüenza.

pablo.ruiz@milenio.com

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