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Miércoles , 19.09.2018 / 10:56 Hoy

Nada personal

Micalco: la pérdida del poder político

Pablo Ruiz Meza

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Decepciona la ruta tomada por el dirigente estatal del PAN de victimarse ante la opinión pública y llevar al ámbito mediático una disputa por el control del partido que está regulado por los estatutos de ese partido.

Si existiera en el estatuto un artículo que establezca la revocación del cargo, cualquier militante podría presentar una solicitud argumentada para ser discutida en las instancias partidistas, si no existiera este supuesto, pues concluye su periodo y los afiliados decidirán si lo reeligen.

Si bien como partido político es una entidad de interés público porque sobrevive con los impuestos de los ciudadanos por las vía de las prerrogativas, es autónomo para dirimir sus diferencias y para ello tendrán instancias internas, además del arbitraje de un Tribunal.

Las depuraciones en Acción Nacional no son una novedad, y con todo respeto es una minucia el aparente conflicto protagonizado por Rafael Micalco, comparado con el debate ideológico y político que terminó con la salida de Pablo Emilio Madero y un grupo de destacados panistas.

Es denigrante que un dirigente panista acuse en un comunicado a sus compañeros de partido de “adoptar una actitud sumisa ante quienes les ordenaron no tener ningún tipo de comunicación con el CDE”.

Si Micalco Méndez perdió el control del partido y el reacomodo de fuerzas internas no le favorece, algo no está haciendo bien y en la democracia partidista hay mayorías y minorías.

Micaldo maltrata de sus compañeros de partido que discrepan de él, la denuncia existe “una embestida orquestada desde el poder en Puebla que desgraciadamente trastoca la legalidad y lastima al Partido y su militancia” por haber solicitado su relevo del cargo.

A qué “poder en Puebla” se refiere Micalco, entiendo que se trata del gobernante en turno que es militante del PAN a quien respaldó para ser gobernador. ¿Por qué no lo menciona por su nombre y apellidos?

Un dirigente de partido que actúa con sentido patrimonialista, atenta contra su propia organización política y se victimiza, es un signo inequívoco de la soledad y la pérdida del poder político.

pablo.ruiz@milenio.com

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