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Sábado , 20.10.2018 / 21:46 Hoy

Nada personal

Martha Erika, defiende ventaja

Pablo Ruiz Meza

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Lo de ayer, el “debate” entre candidatos a la gubernatura, es la política partidista y la democracia electoral que tenemos, digamos, limitadísima.

El encuentro de los cuatro aspirantes a ocupar la titularidad del Poder Ejecutivo, en realidad sirvió para decirse exactamente lo mismo que se han dicho en la campaña, con diferencia de que ahora los reunió el Instituto Electoral del Estado.

Ni la pena vale referirse al formato utilizado, en desagravio del moderador, pero finalmente se repitió el viejo formato del facilitador para dar la palabra a los competidores, y cronometrar los tiempos de las intervenciones.

En general, se trató de un mal debate, los participantes iban más preparados para atacarse y defenderse, para salir lo mejor librados, en detrimento de las propuestas temáticas, que fueron utilizadas solo como introducción de una nueva embestida o defensa.

Vi a un Luis Miguel Barbosa sin aclarar ninguna de las acusaciones en su contra por enriquecimiento y usurpación de profesión; muchas generalidades, y colgado de la campaña de Andrés Manuel López Obrador, como si AMLO fuera a gobernar la entidad poblana.

Barbosa no hizo el mínimo esfuerzo por ofrecer un proyecto de gobierno para el estado, ni con quién pretende gobernar, y dejó el futuro del estado al triunfo del candidato presidencial.

Observé a un Enrique Doger resignado a no remontar la tercera posición en la intención del voto, y más allá de sus méritos por haber ocupado la Rectoría de la UAP y la alcaldía poblana, no vi a un abanderado priista comprometido con su propia causa.

Michel Chaín, el abanderado del Verde, participó para cerrar la pinza en los embates de Doger contra el Barbosa, un caso indefendible.

Mientras que Martha Erika Alonso estuvo en su papel; no dejó pasar golpes de Luis Miguel Barbosa, pero prefirió concentrarse en sus propuestas temáticas, mismas que cayeron al vacío, porque no había debate, prevaleció la feria de acusaciones y ataques.

Martha Erika, como López Obrador, no tenía por qué arriesgar su ventaja en las intenciones del voto, en un encuentro que nunca llegó a transformarse en un verdadero debate de propuestas.

pablo.ruiz@milenio.com

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