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Viernes , 25.05.2018 / 21:45 Hoy

Nada personal

“La ley y el orden”, que paradoja

Pablo Ruiz Meza

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Paradojas de la vida. El joven asesinado por un “jefe” policiaco con un disparo en la nuca cuando ya lo tenía sometido en el piso, veía por las tardes en su casa su programa favorito en la televisión: La ley y el orden.

Ricardo Cadena, quien recién había dejado de ser menor de edad, al igual que el resto de sus hermanos, ayudaba en las labores de carpintería, un negocio familiar del padre.

“Son unos muchachos trabajadores”, me insistía una compañera del trabajo, quien es vecina en San Pedro Cholula de la familia y acudía a ellos para trabajos de carpintería en su hogar.

En cuestión de minutos, en una madrugada, un corrupto policía criminal privó de la vida al joven de 18 años, cambiando para siempre la vida de una familia poblana, al quitarle a uno de los suyos.

Molesta por imprudente fue la postura inicial del presidente municipal de San Pedro Cholula, José Juan Espinosa Torres, quien sólo tuvo oído y tiempo para escuchar y defender públicamente la versión del policía asesino: el arma se accionó por “accidente” después de un “forcejeo” al ser detenido por “grafitear” una barda.

Un alcalde que presume su militancia de “izquierda” (no sé de dónde) en el Partido Movimiento Ciudadano y un gobierno de “Ciudad de Bien” no atendió la versión de la familia ni acudió de inmediato a su auxilio.

Espinosa Torres abrió la boca frente a las grabadoras, al micrófono del altavoz y las cámaras de televisión en una conferencia de prensa para repetir la versión de su empleado, el jefe policiaco: “fue un lamentable accidente”.

José Juan se constituyó en ministerio público y juez para justificar un acto criminal, engañado por el homicida y el jefe de éste, el Director de la Policía, a quien mantiene a su lado.

Manipulador como lo es, Espinosa Torres “inventó” la versión del grafiti para “aventarle el muerto” a sus adversarios políticos y responsabilizarlos por el “entorno autoritario” de la “Ley Grafiti”.

Le secundó a José Juan en la infamia y la perversidad la menos perversa legisladora federal perredista Roxana Luna, quién “subió” a la tribuna en la Cámara de Diputados para hacer lo único que ha hecho como zopilote de la carroña política, lucrar con la muerte.

Nadie, ni un legislador azul en la Cámara Baja pidió la palabra para rebatir la patraña, entendible si hay incompetencia y mediocridad.

¿Quién podrá creerle ahora al señor José Juan Espinosa?, solo sus policías matones porque hablan el mismo lenguaje.

pablo.ruiz@milenio.com

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