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Nada personal

Existen casas hogar dignas

Pablo Ruiz Meza

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Personas que dedicaron buena parte de su vida al cuidado de niños huérfanos, violentados en sus hogares, expulsados de sus casas, abandonados por su padres y ex delincuentes menores se horrorizaron con la historia de abusos cometidos contra niños en la casa hogar “Domingo Savio”.

Lo más grave, cuando se utilizan símbolos religioso y personas con mente criminal usurpan funciones de sacerdote para lucrar y abusar sexual y físicamente de menores.

Instituciones irresponsables como la Iglesia católica que a través de Cáritas apoyó ese tipo de centros de atención a menores sin verificar que un individuo como Tomás Durán Martínez era un usurpador, delincuentes y depredador sexual.

El arzobispado cometió una omisión gravísima porque no se tomó la molestia de verificar y revisar en qué condiciones funcionaba esa casa hogar.

Lo mismo le ocurrió a directivos de empresas trasnacionales como la alemana Volkswagen, a instituciones de educación de educación superior como la UAP o gobierno como el municipal de la ciudad capital.

No puede el sistema DIF estatal o municipal, ser indiferente a la existencia de casas hogar o refugios de menores sin que los supervisen cuando su principal función es el cuidado de la niñez.

Refugios o casa hogar por el simple hecho de existir como asociaciones civiles altruistas a favor de los niños no es ninguna garantía de que sean honrados, éticos y honestos.

Cualquier autoridad civil o religiosa debería de desconfiar de ese tipo de asociaciones civiles que surgen sin ninguna trayectoria ni revisan los antecedentes de fundadores, directivos o benefactores, principalmente cuando viven de la dadiva a favor de menores.

Existen instituciones honorables como el Ipoderac fundado por la desaparecida señora Landa, con granjas para producir sus propios alimentos, cuentas con talleres, lo chicos asisten a la escuelas, cuentas con médicos, psicólogos, dietistas, educadoras y tiene manuales y reglamentos estrictos.

No por unos malos curas pederastas se deberá condenar a la Iglesia católica, ni tampoco satanizar a las casa hogar o refugios de menores, pero alguien los tiene que supervisar y certificar para evitar que criminales depredadores sexuales –como los llamó la periodista Sanjuana Martínez- delinquen impunemente.

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