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Nada personal

Displicencia, omisión y miopía en el PRI

Pablo Ruiz Meza

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Si a Pablo Fernández del Campo le correspondió dirigir los destinos del PRI en el estado, con el resultado conocido en los comicios locales del 2013, con Ana Isabel Allende Cano aún falta conocer los resultados en las urnas, pero todo el balance ya es muy negativo.

No había tanta displicencia, miopía y actitud omisa como la mostrada por la actual dirigencia estatal.

Es normal en estos tiempos observar en el Revolucionario Institucional el fenómeno de los políticos “chapulines”, que “brincan” del partido tricolor a otros partidos políticos.

Tan “normal”, para un partido político importante en la entidad, porque se ha desmoronado, dicho metafóricamente, los “huesos” del PRI sufren de “artrosis”, por decir lo menos.

Y es que con Isabel Allende y Víctor Gabriel Chedraui se quedarían solos para apagar la luz de la oficina o cerrar la puerta de la sede de la Diagonal Defensores de la República.

Alguna explicación tendría que ofrecer la dirigencia estatal al priismo y a la sociedad en general, por la cantidad de militantes del PRI que han abandonado a esta opción política, para abanderar otras causas electorales.

¿Por qué el desinterés de Allende Cano en no retener a los militantes, ni mostrar oficio político para darles otras opciones?

Si para quienes emprendieron la “huida” no hay retorno al PRI, y conforme a los estatutos en ”automático” serían expulsados, ¿Qué futuro le espera a este partido político?

Seguramente habrá más militantes y nuevos afiliados interesados en este partido, pero no se puede, con la mano en la cintura, observar de manera pasiva el éxodo.

Una buena parte de la militancia priista poblana reconocida se ha mudado al PRD, Panal, MC y al PAN.

Pocos serán los que tendrán posibilidades reales de ganar un distrito bajo las siglas de partidos políticos distintos al PRI, pero el Revolucionario Institucional ya pierde.

Quienes han abandonado su militancia priista en automático, se convierten en un activo político de otros, se trata de una “inversión” política de cara a las elecciones locales del 2016 y 2018, para cobrarle la factura a su ex partido.

No veo quién pueda hacer retornar a los ex priistas al nido para los procesos electorales del 2016 o 2018.

pablo.ruiz@milenio.com

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