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Viernes , 19.10.2018 / 11:21 Hoy

Nada personal

AMLO, el juego de la perinola

Pablo Ruiz Meza

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A unas horas de la jornada comicial del 1 de julio, el escenario no podía ser mejor para el candidato presidencial de Morena y puntero en las encuestas, Andrés Manuel López Obrador.

Coincidencia o no, su tercer intento como aspirante presidencial, se empata con la enmienda a la legislación electoral nacional para que se realicen las primeras elecciones concurrentes.

En una suerte de juego al azar, como la perinola, a López Obrador las circunstancias le pueden favorecer al marcarle “toma todo” y quedarse con la Presidencia de la República, las cámaras federales y la mayoría de las nueve gubernaturas.

La otra cara de la perinola, del resultado de las votaciones del 1 de julio, le puede caer “todos toman”, y tendría que bajarle más de dos rayitas a sus desplantes priistas de carro completo y empezar a planear cómo cogobernar el país con una pluralidad democrática.

El político tabasqueño ganará la elección presidencial porque viene haciendo campaña desde el 2006, con una ventaja abrumadora respecto a sus contrincantes.

Además, supo aliarse a los grupos políticos excluidos por el exclusivo club de Atlacomulco; se aprovechó muy bien de la decadencia del régimen priista, hundido en el fango; pero, principalmente, porque negoció darles impunidad.

El candidato presidencial de Morena y los grupos políticos en su entorno, incluida la izquierda light burocrática y electorera, representan el retorno al priismo del pasado, el de la “Revolución Mexicana” de los sesenta, como los clasificó el intelectual de izquierda de origen catalán, Roger Bartra.

En este contexto, la implementación de un fraude electoral es impensable e improbable, lo que nada impedirá se confirme en las urnas la ventaja en la intención del voto en las encuestas.

Una vez embestido AMLO como presidente, no habrá mayor sobresalto político y económico en el país, podrá hacer poco en el sexenio donde habrá de aflorar una nueva burocracia dorada, enfocado a abatir la “corrupción”, pero no le dará tiempo de más.

Por muy narcisista extremo, al pretender López Obrador pasar a la historia como Benito Juárez, le dará tiempo solo para reinstalar el modelo del “viejo PRI” en el gobierno y consolidar a Morena como un partido-gobierno, clientelar y corporativo, como el PRI de Plutarco Elías Calles.

pablo.ruiz@milenio.com

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