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Viernes , 22.06.2018 / 14:14 Hoy

Nada personal

28 gramos

Pablo Ruiz Meza

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Le llegué a escuchar en una entrevista rabona al secretario de Salud del gobierno federal José Narro que presentaría "en breve" un plan nacional de prevención contra las adicción a las drogas.

No habían pasado ni las 48 horas de la comparecencia del presidente de México en la Organización de las Naciones Unidas, donde se refirió al problema que enfrenta la nación por el tráfico de drogas y la grave violencia ligada a éstas.

El titular del Ejecutivo federal adelantó entonces la necesidad de acabar con la criminalización a los consumidores y para regular el consumo anunció el incremento en la posesión de mariguana, a 28 gramos, así como el uso medicinal, medida que ha presentado para legislarse.

Dos temas importantes me parecen de interés público, están relacionados con la prevención y la venta del enervante.

Dominados por la industria del consumo de drogas legales como el cigarro y las bebidas alcohólicas, entre otras, las campañas publicitarias más hipócritas y de simulación fueron las relacionadas al "conductor asignado" en el caso del consumo de las bebidas espirituosas.

Para alertar de los daños a la salud en el consumo del cigarro –altamente cancerígeno- se limitaron a ilustrar las cajetillas con ratas muertas y fetos, con un manto de permisividad.

Pero las campañas informativas y preventivas brillaron por su ausencia en los efectos del consumo de mariguana y otras drogas duras.

Junto con alcohólicos y consumidores de drogas se saturaron las clínicas de desintoxicación y rehabilitación, unos conventos de reclusión para expiar culpas, sin una política pública, más bien, como una alternativa de la medicina privada.

A la par, con altos costos al sector salud y a la actividad productiva, las clínicas y hospitales privados y públicos se saturan con la demanda de atención al cáncer ligado al consumo del tabaco y los efectos de la cirrosis hepática.

Si contra el consumo de alcohol y de tabaco las políticas públicas preventivas han sido timoratas, las relacionadas al consumo de drogas "ilegales", son inexistentes.

Elevar la dosis a 28 gramos es sinónimo de incremento a los consumidores, sin una política preventiva de salud pública, principalmente dirigida a jóvenes.

Y dónde se comprarán las dosis de 28 gramos de mariguana, ¿en las tiendas Liconsa o Diconsa?

Lo único claro es que los cárteles de las drogas serán tratados ahora como distinguidos empresarios agroproductores, unos millonarios "emprendedores". ¿O no?

pablo.ruiz@milenio.com

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