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Domingo , 21.10.2018 / 10:54 Hoy

Reporte de inteligencia

Nadie cree en el Sistema Nacional Anticorrupción

Pablo César Carrillo

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Ya promulgaron las leyes del Sistema Nacional Anticorrupción, pero nadie las cree. En el papel, suenan bien, pero no garantizan nada. En teoría, combaten a los corruptos, pero sólo en el discurso.

Los políticos y empresarios mexicanos, deben estarse riendo. Gran parte de sus acciones y acuerdos son mediante prácticas de corrupción. La mayoría de sus grandes negocios, son mediante trampas y transas. La gran riqueza que poseen suele tener un origen ilícito y sucio y están orgullosos de eso.

El Sistema Anticorrupción está condenado al fracaso. Nadie cree que en realidad ahora sí van a mejorar las cosas en México. Nadie cree que ahora sí es de verdad.

Los políticos mexicanos se las van a ingeniar para robar. A lo mejor ya no meterán la mano al cajón para llevarse los billetes, como en los años sesenta o setenta, pero sí lo harán mediante los moches, el diezmo, las empresas fantasmas, las licitaciones dirigidas y el tráfico de influencias. Los gobernantes van a hacer hasta lo imposible por burlar las nuevas leyes y seguir haciéndose ricos del erario público.

Ayer el presidente, Enrique Peña Nieto, dijo que todos los días sale un nuevo caso de corrupción en el país, y es cierto. Ya es escandaloso. Un alcalde que pide moches por la obra pública, un gobernador que asigna obras a empresas de reciente fundación, un presidente que da contratos a los compadres, un diputado que beneficia a los amigos, un gobernante que hace negocios con todos los contratos y obras públicas.

Es un descaro. Y con las redes sociales y las nuevas tecnologías, las transas quedan al descubierto.

Por lo mismo, es difícil creer en que todo esto cambiará. El Sistema Nacional Anticorrupción, podría tener muy buenas intenciones, pero será insuficiente. Estamos hablando de un problema de raíz en México. Los políticos y gobernantes entran a la política a robar y a hacerse ricos. No van a cambiar. No van a traicionar a su esencia. El sistema así lo permite. Así fue diseñado. El financiamiento de las campañas políticas, es lo que genera los intereses y la corrupción. Y mientras los constructores y proveedores sigan pagando las campañas, los gobernantes seguirán siendo corruptos. Una reforma real anticorrupción debe ser mucho más profunda y seria. Pero eso nunca lo verán nuestros ojos.

@pccarrillo
pablo.carrillo@milenio.com

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