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Jueves , 21.06.2018 / 02:00 Hoy

Reporte de inteligencia

Don Fernando, El Rey de los Taxis

Pablo César Carrillo

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La finca se llama El Potrero del Castillo. Está rodeada de agua, como un castillo. Tiene dos torreones, estilo medieval, como un castillo. Y el propietario es Fernando García Murguía, El Rey de los Taxis.

La historia es increíble.

Hoy publicamos en Milenio León, un reportaje sobre el castillo que mandó construir Fernando García Murguía -secretario general del Sindicato Francisco Villa y dueño de Taxitel-, en el municipio de Manuel Doblado, Guanajuato. Tiene su propia laguna. Mandó sacar toneladas de tierra para hacer su lago y construir una finca hermosa, con plaza de toros y caballerizas.

La fortuna de Fernando García tiene su origen en el negocio del transporte y de los taxis, en el corporativismo y el compadrazgo político. Su poder viene de los privilegios que había para los sindicatos de la CTM y de los amarres con los gobernadores. La mansión expone las excentricidades de los líderes sindicales y los operadores de las campañas. Fernando García hizo un trabajo de partido y político durante décadas a favor del sistema y del PRI. Consiguió cientos de concesiones de taxi. Se las dieron al sindicato Francisco Villa, pero él se las quedó. Y ahora es un hombre millonario y poderoso, gracias a su habilidad para mover el sindicato durante 48 años y su astucia para ser el único beneficiado. Ningún taxista del sindicato Francisco Villa hizo dinero, sólo él.

Hace 55 años, Fernando García era un chofer de taxi, muy trabajador, en el centro de León. Y se hizo rico y prestigiado, gracias a los privilegios de los gobiernos del PRI. Incluso se ganó el título de don. Así le dicen, con respeto: Don Fernando García Murguía.

Su castillo es un monumento al corporativismo. Un exceso. Una fantasía absurda. Un gusto excéntrico de alguien que tiene dinero de sobra. Una ofensa para los trabajadores del volante y una burla para los sindicalistas y la sociedad.

pablo.carrillo@milenio.com

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