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Lunes , 24.09.2018 / 03:36 Hoy

De café

'Wall street'

Oscar Riveroll

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Diana Bingham sale contenta de “La Maison Du Chocolat” en el 63 de Wall Street. Carga una bolsa de finísimas trufas, obsequio para los colaboradores que le asisten en su oficina de negocios. Cree que es tiempo de festejar, está segura de que ese día se concretará una venta de café de México y Centroamérica.

La bróker, segura de sí misma, camina firme entre las multitudes. Enfundada en un exquisito traje sastre, recibe gustosa en su cara los primeros vientos cálidos del nuevo siglo, es la primavera del 2000. Se dirige decidida a la oficina que arrenda desde hace un lustro en el piso 29 de la torre norte del World Trade Center. Ella sabe que a pesar del alto precio que paga por el despacho, estar ahí es símbolo de poder y con ello asegura el éxito en muchos negocios.

Diana, con un martini en la mano, recibe la llamada que tanto espera mientas observa desde su ventana la estatua de la libertad. Sólo falta la confirmación de los compradores en Alemania. Necesita saber si han aceptado el trato que le dará a ganar varios millones de dólares.

La sonrisa de la empresaria se borra lentamente, un gesto de disgusto se apodera de su rostro. Su contacto en la bolsa de valores le informa que las producciones de café en Vietnam han comenzado a cotizaren los mercados internacionales. Se estima que la próxima cosecha de ese país será mayora la colombiana.

La experiencia le dice que tiene que vender al momento, pues los precios del café están a punto de derrumbarse a niveles nunca antes vistos. Sin embargo, los compradores germanos se han enterado por sus propios medios y cancelan la operación a la espera de una mejor oferta. Diana, en un arranque de ira, arroja la copa de martini contra la pared.

La tristeza le sucede al enojo. Recuerda con nostalgia a los productores de Coatepec en México y los de Matagalpa en Nicaragua, a los cuales visitó meses antes. Piensa en el cariño con el que fue atendida, a pesar de haberles comprado con el precio más bajo del mercado. No fue difícil convencerlos, pues no conocían la calidad de su producto. El resto lo arreglaron unos cuantos dólares filtrados a sus líderes.

Predice que el mercado internacional del café estará destruido en unas horas con la entrada del nuevo jugador llamado Vietnam. De éste son conocidas sus prácticas totalmente desleales. Los países que tradicionalmente producen café, no pueden competir bajo estos esquemas.

Diana tiene total certeza de que los precios del aromático impuestos por la bolsa en Nueva York, no cubrirán ni siquiera los gastos de producción de las fincas productoras. Vislumbra la desaparición de muchas de ellas.

Suspira profundo y se serena. Enseguida, da un mordisco a una de las trufas, admite que el negocio del café se disipó. Sorpresivamente vuelve a sonreír, pues recuerda al probar el chocolate, que tiene asegurada la venta de miles de toneladas de cacao de África. Al menos, no todo está perdido para ella.

oriveroll@hotmail.com

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