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Domingo , 23.09.2018 / 04:22 Hoy

De café

Mercado medieval

Oscar Riveroll

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Durante la Italia medieval, el sistema político y social cambió diametralmente a lo acostumbrado en el Imperio Romano. El poder se fragmentó en cientos de reinos y principados. Los soberanos de estos reinos delegaban a su vez las funciones del Estado a la nobleza convertida en señores feudales, que en conjunto con otros nobles y con el alto clero eran reconocidos como los maiores.

Existían también otras dos clasificaciones sociales: los mediani y los minores, ambos grupos estaban conformados por mercaderes, soldados, asaltantes, artesanos urbanos y el bajo clero. La diferencia entre este par de clases era sólo la cantidad de dinero que podían acumular.

En los feudos, el poder económico y político era exclusivo de los maiores. Sin embargo, éstos también encomendaban algunas funciones de la administración civil a los otros dos grupos, quienes a su vez se destrozaban entre sí con tal de acceder al dinero de la corrupción natural de estos cargos. Curiosamente, en el sistema de clases no se tomaba en cuenta a la mayoría del pueblo, es decir, los siervos y campesinos, los cuales estaban sumidos en una condena generacional de lúgubre miseria.

La sociedad en general, que era analfabeta y supersticiosa, se reunía todos los días en las plazas donde se encontraban los mercados. Y es ahí, entre la suciedad, donde se dirimía y se juzgaba toda clase de asuntos de carácter público y personal. Los chismes, las mentiras y los rumores se adueñaban de esos sitios con tal de destrozar al contrincante, mientras la muchedumbre se encargaba de hacer juicios sumarios sin derecho a defensa y de linchar a los culpables para saciar esa sed de venganza aderezada con sangre y sufrimiento.

Los nobles, por su parte, quitaban y ponían a los funcionarios administrativos a su conveniencia. Cuando querían eliminar a algún oficial de cierta empatía con la plebe, los maiores inmediatamente enviaban merolicos o juglares que se encargaban de echar por los suelos la imagen del burócrata, el cual era linchado por la turba sin oposición alguna.

Este sistema piramidal de escala social impedía que la plebe se diera cuenta de la manipulación de los maiores, pues los consideraban muy ajenos. De igual forma, los siervos sabían que tampoco tenían la menor oportunidad de acceder a las clases minores o mediani, sin embargo, se contentaban con ser testigos de los acontecimientos en el mercado y con participar en los linchamientos públicos contra quienes caían en el infortunio.

Hoy en día, mil años después, vemos que nada ha cambiado. Las turbas enardecidas realizan juicios y linchamientos manipulados a través de los enlodados mercados de Facebook y Twitter, con la esperanza de ser retribuidos con likes o retweetts de aprobación. Mientras, los mediocres políticos se pelean por administrar el gobierno, hacerse dueños de las riquezas que genera la corrupción y, si resultan muy agraciados, tomarse una selfie en alguna fiesta de los maiores.

oriveroll@hotmail.com

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