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Jueves , 16.08.2018 / 19:37 Hoy

De café

La Revolución de Guillermo del Toro

Oscar Riveroll

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Durante el convulso periodo posrevolucionario en México, las facciones triunfadoras se vieron en la necesidad de constituir jefaturas políticas para restablecer la paz en varias entidades del país, las cuales todavía continuaban en guerra o con sublevaciones.

Debido al nivel de fuerza que se requería para apaciguar a ese México bronco, el gobierno tuvo que recurrir a algunos generales revolucionarios como Gonzalo N. Santos o Marcelino García Barragán, quienes, entre otros, se convirtieron en una especie de señores feudales con una desmedida influencia en sus territorios.

A la distancia en el tiempo y en la realidad nacional, aunque la violencia a veces parezca ser peor en estos momentos, la forma más eficiente para civilizar a ese México bruto ya no es la fuerza bruta, sino la cultura, en todas sus acepciones.

Para fortuna de este proceso, el país ha contado con personajes que en el ámbito cultural han liderado de alguna manera la construcción de la identidad, así como la creación de nuevas nociones en el rubro de las ciencias y las artes.

Como un ejemplo de estos líderes está el desaparecido escritor Carlos Monsiváis, quien fue considerado el secretario de Educación sin nombramiento durante varios sexenios. Fue tal la influencia del cronista de la Ciudad de México que algunos mandatarios solicitaban la opinión del escritor para los asuntos inherentes a las políticas culturales y educativas del gobierno.

En algunas regiones también hay personajes que influyen completamente en las políticas culturales y educativas de sus respectivos estados. Sin embargo, esta influencia no es gratuita, pues el talento más los resultados de sus gestiones dan la razón al liderazgo que practican dichos actores. Tal es el caso del pintor Francisco Toledo en Oaxaca, del escritor y filósofo Jaime Labastida en Sinaloa y por supuesto del fundador y presidente de la Feria Internacional del Libro en Guadalajara, Raúl Padilla López.

En este tenor, de un par de meses a la fecha, se ha sumado un nuevo protagonista a la palestra de la política cultural; se trata del director de cine Guillermo del Toro, a quien recientemente se le reconoció con un sinnúmero de premios internacionales por su último filme.

Tal vez sin quererlo, el tapatío se subió al entramado de los líderes culturales con una serie de publicaciones que realizó en sus redes sociales, donde el público, ávido de héroes de carne y hueso, lo ha idealizado hasta convertir sus tuits en los íconos sociales del momento.

Al parecer, al director no le molesta el liderazgo y la influencia sobre las políticas culturales que comienza a tener en el país, pues fluye con el momento y la coyuntura, fija posturas y da opiniones que lo hacen asumir poco a poco la responsabilidad que esto conlleva.

Tal vez, y con sus debidas proporciones, Guillermo del Toro esté interesado en retomar el liderazgo que tenía Monsiváis, pero en esta ocasión a través de las redes sociales y demostrar así que el talento y la política, por más extraño que esto parezca, no están del todo peleados.

oriveroll@hotmail.com

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