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Sábado , 22.09.2018 / 08:24 Hoy

De café

La agricultura también es cultura

Oscar Riveroll

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En el bizarro ejercicio que muchos llamaron “segundo debate presidencial” y en la cruda “posdebate” los candidatos y sus representantes han hecho mención, ya varias veces, de las propuestas en torno al campo mexicano.

El que escribe, con toda una vida de experiencia en el desarrollo rural, puede afirmar que los candidatos presidenciales y sus voceros no tienen ni la más remota idea sobre el manejo del sector agropecuario y sus políticas, o al menos eso demuestran en cada entrevista.

Como un ejemplo de lo anterior, la propuesta del “precio de garantía” que todos los candidatos han hecho no es nueva, ya que se utilizó en México desde los años sesenta hasta 1987. La SARH, en aquel entonces, “apoyaba” al campesino con una remuneración económica extra por cada tonelada vendida de su producto, hasta alcanzar un precio “decoroso” o de garantía. Sin embargo, el parámetro de este precio era designado por la alta burocracia desde un escritorio.

En el papel sonaba y suena bien conseguir un valor decoroso para las producciones agrícolas. No obstante, lo anterior hizo un daño terrible al campo mexicano, ya que los agricultores no incrementaron ni su productividad ni su calidad; simplemente estiraban la mano al funcionario en turno para recibir su dádiva. Esta situación los hizo presas fáciles de la corrupción y de la manipulación política.

Para 1987, cuando se derrumbó el sistema de economía cerrada a nivel mundial y los mercados comenzaron a abrirse, los campesinos mexicanos eran niños de kínder a comparación de los productores de otros países, incluidos los de algunos países latinoamericanos como Argentina (carne, trigo y soya), Uruguay (lácteos y carne) y Brasil (café y carne), quienes ya eran verdaderos profesionales de los agronegocios y competían a nivel global.

México entró a jugar con los tiburones del libre comercio a ciegas. Bajamos, por ejemplo, del tercer al noveno lugar en producción de café, entre otras muchas debacles. Fue entonces cuando el gobierno se vio obligado a cambiar de estrategia en cuanto a los subsidios al campo. Así nacieron, en tres sexenios, un sinfín de programas como Procampo, Alianza para el Campo, Apoyo a la comercialización y PROGAN, entre otros. Todos estos esquemas estaban ya destinados a la productividad y algunos incluso hablaban de la calidad en las producciones. Sin embargo, a pesar de esos esfuerzos, el campo mexicano sigue con un atraso de al menos veinte años en relación con sus socios comerciales.

Ahora los candidatos nos proponen acciones que ya existen, pues los precios de garantía no desaparecieron, simplemente se renombraron con el neoliberal silogismo de “incentivos a coberturas de precios”, administrados por SAGARPA. Los aspirantes deben revisar a conciencia las políticas públicas en el sector agropecuario antes de hablar, y eso sí, rescatar y reforzar lo que sí sirvió de aquellas épocas, como el Programa Nacional de Extensionismo, que capacitaba a los productores y daba empleo a los profesionales del ramo.

oriveroll@hotmail.com

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