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Viernes , 25.05.2018 / 19:25 Hoy

De café

El Llano no existe más

Oscar Riveroll

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Casi todas las voces coinciden en que "El llano en llamas" comienza en cuatro caminos, como se le conoce al cruce de las carreteras que llevan de Zapotlán a El Grullo y de Tolimán a San Gabriel. El llano a su vez termina, o comienza según de donde vengas, en el Río Ayuquila, ahí en San Pedro Toxín al pie de Cerro Grande. Al menos así lo confirman muchas de las personas mayores que viven en el Sur de Jalisco, y con los que tuve oportunidad de charlar durante los años que trabajé por aquellos rumbos en el sector agropecuario.

En ese llano que Juan Rulfo describe en su obra llena de vivencias y estupendos objetos verbales, es donde te sumergías per se, con sólo atravesarlo, en lo más profundo del realismo mágico. Vivías el calor y la desolación a flor de piel. Mientras los sentidos se deleitaban con un maravilloso y extraño paisaje semiárido, que contrastaba como una isla en medio de un océano de verdes selvas y bosques.

En el párrafo anterior hablo en pretérito, y en este también, porque eso ya no sucede. El llano, es semiárido, pero muchos días del año esta nublado, aunque no llueve; Cerro Grande y los volcanes de Colima impiden el paso de la humedad y la lluvia pues funcionan como una barrera natural. Lo anterior construía un paisaje sórdido y bello a la vez.

También formaban parte de ese paisaje, las cárcavas de la erosión del viento, los matorrales, cactáceas y pequeños árboles que se aglutinaban en promontorios casi tan grandes como una vieja casona o una pequeña iglesia. Al amanecer, esas alucinantes formaciones daban la apariencia de ser una pequeña ranchería, cuyo espejismo fantasmagórico desaparecía al incrementar la luz.

La zona, aunque de condiciones secas, era habitada por importantes especies animales como: tezmo gris, venado, lince, coyote mexicano, o el halcón cola blanca. Toda esta población silvestre interactuaba con el paisaje imponiendo un sano equilibrio ecológico y una vibra más fuerte y especial que hacían al llano mucho más prodigioso en todas sus acepciones.

La magia y realismo que Rulfo imprimió al posicionar sus historias probablemente en esta región, le dieron un sesgo que impresiona a los lectores hasta el punto del paroxismo imaginativo. Sin embargo el haber visitado la zona, te hacía sentir que caminabas junto a los fantasmas de los arrieros de principios del siglo XX, mientras observabas El Petacal - el cerro en forma de vejiga de puerco- discurrir tras de ti entre los mezquites y los gritos de las huestes del bandido y revolucionario Pedro Zamora.

Ahora, todo ese patrimonio paisajístico y toda la hechicería que le daban vida al Llano en llamas se ha perdido, a veces poco a poco, a veces de un solo golpe. Miles de hectáreas se han modificado. Los agrestes matorrales han sido suplantados por un sinfín de invernaderos que producen las pequeñas verduras y frutillas rojas que tanto gustan en los centros urbanos. También, y un poco más tradicional, el cultivo de agave y los viñedos de reciente incorporación al mundo productivo, han trastocado el habitad del lince, del tezmo y de los fantasmas de los muertos que por allí deambulaban.

Hace quince años, al subir a Cerro Grande, por el Puerto de Toxín contaba mi amigo Don Cirilo, quien fue comisariado ejidal de "El Rodeo" y desafortunadamente murió por causa del Huracán Jova, era posible observar al llano en todo su esplendor. Desde la Sierra de Manantlán, podíamos divisar ese vasto paraje que bajaba por la falda norte del Nevado de Colima, hasta que se perdía en el verdor de las comisuras y barrancas de Apulco.

Si subes hoy a la sierra, el paisaje es otro. Los invernaderos confunden la vista y la mente. Entre más te alejas, las estructuras de color blanco parecieran, en una siniestra alucinación, que fuesen represas o lagunas. Los cultivos de agave, los cuales tienen pocos nutrientes, no alcanzan las tonalidades de azul del agave tequilero y esto hace palidecer el terreno.

Han desaparecido los contrastes de aquel paisaje, los animales silvestres y las fantasmagóricas visiones. La modernidad ha llegado. El orgullo de las exportaciones agroindustriales de Jalisco se ha impuesto sobre los campos donde tuvieron, en nuestra dimensión, sus correrías las terribles bandas de Pedro Zamora. Y donde un tal señor Páramo afincó sus reales y sus quereres; él quería hacerlo por toda la eternidad, pero parece que el progreso está empeñado en no permitirlo.

oriveroll@hotmail.com

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