• Regístrate
Estás leyendo: El café de Oriente a Occidente
Comparte esta noticia
Sábado , 18.08.2018 / 02:44 Hoy

De café

El café de Oriente a Occidente

Oscar Riveroll

Publicidad
Publicidad

Antonino Riverolla no comprende los placeres que sus amigos Tarif y Baruk, marineros persas, disfrutan cuando fuman cáñamo con regaliz. Esa mezcla los deja atónitos y con ganas de filosofar. También gozan de jugar por horas con ese extraño tablero árabe llamado “seega”. Lo hacen sobre una pequeña mesa en la proa de su barco, mientras toman una bebida oscura como lodo y amarga como la hiel.

Desde hace un año, Antonio se encarga de los negocios de su padre, el aristócrata genovés, Jean Bautista de Riverolla. Este hombre cercano al rancio linaje de los Cibo, se trasladó a las Islas Canarias para establecer y presidir el “Albergui” número XVIII por orden del Príncipe Andrea Doria y del senado de la República de Génova. Estos sitios, los albergui, daban alojamiento a las familias de abolengo que migraban a España de manera estratégica para participar en el conflicto político-militar con Francia.

Durante el 1504 y con apenas 19 años, Antonino se da cuenta y está orgulloso de que su padre apoye con parte de sus riquezas a la cuarta expedición a las Indias del famoso Cristóbal Colón. Sabe que es buena inversión. Sin embargo, se entera también por las voces del puerto, de las noticias del mundo. Entre ellas, le preocupa que el Imperio Otomano amenace al Sultanato Mamelucco de Egipto. Si esto pasaba, se verían afectados los tratados de comercio entre el Medio Oriente y las Repúblicas Marítimas del Adriático. Lo cual representaría la perdida de su estatus y sus ganancias.

Tarif y Baruk tienen anclado su barco hace un par de semanas y se encuentran a la espera de cargar sus bodegas con 2,500 cuñetes de aceitunas y alcaparras. Invitan a Riverolla a subir a bordo para jugar seega. Le sirven una porción de ese brebaje negro que ellos llaman “qáhwa”. El genovés, con un poco de temor y asco, se lleva la pequeña taza de porcelana a su boca. De repente, un maravilloso aroma golpea sus sentidos, una sonrisa se dibuja en su rostro y un brillo tintinea su mirada. Mientras los escóriales y fétidos olores del puerto desaparecen como por arte de magia, el joven da tímido, un primer sorbo.

De inmediato, negocia con ellos todo su cargamento de café, no obstante los persas no lo tienen en venta, pues es para su consumo personal. Pero conocidos como buenos tratantes, ceden a cambiar la mitad de un saco por dos cargas extras de aceitunas.

Sus compatriotas aún no lo saben, ni siquiera les apetece probar un poco del brebaje, sin embargo, el repentino gusto desmedido de Antonino por el aromático es el inicio de una muy lenta, pero firme invasión del café a Occidente. Mientras el velero de Tarif y Baruk se pierde en el horizonte de la Mare Nostrum, el joven Antonino Riverolla busca afanosamente de barco en barco las cargas personales de los marineros venidos de Oriente.

Queda prohibida la reproducción total o parcial del contenido de esta página, mismo que es propiedad de MILENIO DIARIO S.A. DE C.V.; su reproducción no autorizada constituye una infracción y un delito de conformidad con las leyes aplicables.