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Lunes , 24.09.2018 / 01:27 Hoy

De café

De Homero a Rulfo con Café

Oscar Riveroll

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En las últimas entregas en este espacio dedicado a la cultura del café, he dado cuenta de una suerte de relatos que mezclan tanto ficción como historia. Estos pequeños cuentos nos llevan a dar un paseo anecdótico del elixir a través de los años en situaciones que nos muestran su recorrido y vicisitudes.

La idea de estas narrativas es entregar al lector una alternativa a lo que muestran las leyendas populares que se le atribuyen al café, desde su descubrimiento hasta nuestros días. De igual forma, exponer el entorno intelectual, pensante y provocador que siempre ha tenido el aromático.

En este tenor y con motivo de la trigésima Feria Internacional del Libro, me dediqué a buscar referencias entre el café y los autores de algunos de mis libros favoritos con el fin de enfatizar las características culturales del mismo. Homero, por ejemplo, en La Iliada, según Pietro Della Valle, menciona una bebida extraída de los frutos de una planta que llaman “Nepente”, a la que se le atribuye la cualidad de disipar la tristeza.

También Goethe, en el ocaso de su vida, prodiga elogios a Honoré de Balzac, por las novelas La Peau de Chagrin y La Comédie Humaine, escritas casi a la par y publicadas con tan sólo un año de diferencia. La mayoría de los biógrafos coinciden en que el principal aliciente de Balzac para escribir era su gusto desmedido por el café que tomaba por litros y a todas horas del día.

Por su parte, el escritor catalán, Josep Pla, en su juventud reporteaba desde la capital española los sucesos de la República. Describe sus interminables charlas con el rector salamantino Unamuno y con su admirado Ortega y Gasset, en alguna cafetería de de la Calle de Alcalá. En su libro titulado, Madrid 1921 un dietario, redacta también, de manera magistral, los paisajes y las fábulas de los cafés madrileños desaparecidos violentamente durante la guerra civil, pero que Pla inmortalizó en las líneas brillantes de su ironía literaria.

Más cercano a nuestro tiempos, Ramón Rubín, osco e iracundo, revisaba sus escritos, como La bruma lo vuelve azul o los Cuentos del medio rural, en algún rincón de un café del centro de Guadalajara. Casi todos los días estaba ahí, solo. A veces, en temporada navideña, recibía en su mesa la visita de Juan Rulfo y charlaban sobre Pedro Páramo, lo hacían frente a varias tazas de café y piezas pan, que el originario de Apulco compraba previamente.

Otras veces, Rubín, invitaba a degustar el aromático al recién liberado de las Islas Marías, José Revueltas. Mientras echaban un vistazo a Los muros de agua, reñían sobre la gramática, la semántica y la sintaxis. El café unió esa amistad por muchos años.

En este pequeño espacio, apenas describí ocho títulos que de una manera u otra, están relacionados íntimamente con el café. Lo que me lleva a afirmar categóricamente que las virtudes de esta bebida influyen directamente en la creatividad y la pasión de quienes lo tomamos.

oriveroll@hotmail.com

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