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Miércoles , 14.11.2018 / 09:44 Hoy

De café

Conmigo o contra mí

Oscar Riveroll

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Cayetano Ripoll fue la última persona ejecutada por el Santo Oficio en 1826. Ripoll, quien era maestro de educación básica, fue denunciado por la mayoría de los habitantes analfabetas de Razufa, que consideraban que sus aptitudes intelectuales y su creencia religiosa atentaba contra los dogmas de la comunidad, ya que profesaba el catolicismo deísta o puro con rituales diferentes a los tradicionales. El sentenciado fue torturado durante dos años para después ser ahorcado por la Junta de la Fe de Valencia.

En 1793, Robespierre y Jacques Danton crearon el Comité Central de Salud Pública, a través de la Convención Revolucionaria Francesa. El comité en realidad fue una institución que se dedicó a aplicar castigos y condenas a la guillotina a cualquiera que no se apegara a los preceptos de la Revolución. La situación llegó a tal extremo, que a la ciudad de Lyon se le conoció como el Reinado del Terror. El Juez o Mitrailleur de Lyon de la revolución asesinó de la manera más cruel y sanguinaria a miles de burgueses y de personas con aspecto burgués. Incluso la historia nos muestra que el comité llegó al ridículo de ejecutar a un campesino que llevaba zapatos nuevos, sólo por la ostentación burguesa ante el pueblo que clamaba sangre.

A diferencia de las formas crueles de la Revolución Francesa, el tratamiento que la Revolución Rusa tuvo contra quienes tenían opiniones críticas o ideologías diferentes a las establecidas por el Soviet Supremo fue un poco menos inhumano. Los detractores simplemente eran enjuiciados y fusilados, o en el caso de los que corrían con mejor suerte, sólo eran apresados por la GULAG y enviados a las kátorgas o campos de trabajo forzado en la gélida Siberia.

En Estados Unidos, nuestros vecinos del norte no se quedaron atrás en reprimir, apresar o matar a quienes pensaban diferente durante el macartismo y el periodo en que J. Edgar Hoover dirigió la oficina del FBI. La cacería de brujas fue brutal; todo aquel que esbozaba cierto sentido social o humanitario en su vida cotidiana era puesto como sospechoso de espionaje o de tener afinidad con el comunismo, por lo que era presionado y encarcelado. Muchas personas desaparecieron en manos de fuerzas paramilitares anticomunistas durante esa época.

Cuando veo estos terribles ejemplos y muchos otros que nos dan cuenta que la testarudez del ser humano puede llegar a niveles de extrema violencia con el pretexto de defender un ideal considerado como “la verdad absoluta”, me remito invariablemente a lo que sucede hoy en día en México con las campañas políticas. Las doctrinas de “o estás conmigo o estás contra mí” o “aquí nomás mis chicharrones truenan” invadieron ya a miles de mexicanos que ofenden a diario a quienes piensan diferente. Entiendo que al calor de las campañas esto puede ser normal, pero debemos de tener un cuidado absoluto de que, gane quien gane, este neofascismo ideológico no sobreviva después del primero de julio.

oriveroll@hotmail.com

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