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Martes , 17.07.2018 / 05:05 Hoy

Vademecum

Nodrizas

Óscar Hernández G.

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Cuando Lineo hizo la clasificación de las distintas especies de animales, ubicó a la especie humana dentro de los mamíferos: Aquellos seres que amamantan a sus crías, desde el nacimiento, durante un tiempo, a base de leche. Ahí fueron colocadas las mujeres.

Obviamente la lactancia materna está íntimamente ligada con la evolución de nuestra especie desde sus orígenes. Pero, a partir de que la especie decidió dejar los arboles y caminar en dos pies, las cosas cambiaron radicalmente; los pechos dejaron de estar en la parte de “abajo” para pasar a la parte superior del cuerpo de la mujer.

A partir de ese momento, los hijos tuvieron que ser abrazados y colocados en el pecho de su madre; con la vista al frente y escuchando los latidos cardiacos de la madre.

Se cree que los recién nacidos pueden reconocer fácilmente los latidos de la madre; además una vez que inician el amamantamiento, se vinculan con el pezón materno; de tal forma que cuando se les “ofrece” otro pezón suelen rechazarlo y no aceptar fácilmente otro tipo de leche.

En tiempos antiguos se recomendaba amamantar a los hijos durante tres años. Casi todas las civilizaciones antiguas así lo hacían.

Sin embargo, no todas las mujeres practicaban la lactancia materna; muchas contrataban nodrizas para llevar a cabo esa función; las nodrizas llegaron a formar parte importante dentro de las familias ricas o más o menos poderosas.

Se elegía a una nodriza de “buenas costumbres” con la creencia de que esas costumbres y hábitos se podían trasmitir al recién nacido; los pechos deberían de ser de un tamaño regular; no muy chicos como para no dar leche, ni muy grandes como para asfixiar al niño; debía estar sana; y algo muy importante, debería también abstenerse de tener relaciones sexuales durante toda la lactancia (tres años); esta medida permitía que la madre biológica pudiera reiniciar pronto las relaciones sexuales y tener más hijos.

Los recién nacidos eran llevados a las casas de las nodrizas que estaban localizadas a unos 40 kilómetros de la casa materna; y ahí, de vez en cuando, eran visitados por sus padres, para pagar los gastos de la nodriza; en otros casos la nodriza era instalada en la casa materna; pero la nodriza ocupaba un sitio muy especial en la familia, muy superior al resto de la servidumbre.

De hecho, el tener una nodriza en casa, fue un símbolo de estatus social y de elegancia.

Poco importaba en aquellos tiempos la lactancia materna y los hijos. El niño durante los tres primeros años apenas conocía a su madre. El infanticidio era cosa de todos los días; tirados a la basura, abandonados o asfixiados.


vademecum_64@yahoo.com

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