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Miércoles , 20.06.2018 / 09:24 Hoy

Vademecum

El dolor de cabeza de los hospitales: lavarse las manos

Óscar Hernández G.

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Hace casi 200 años los seres humanos sólo creían en aquello que lograban ver. Hasta que un conserje holandés aficionado a fabricar lentes pudo ver por primera vez en microscopio unos “animalitos” pequeñísimos que se movían y tenían vida. En 1729 Spallanzani perfeccionó los microscopios y reafirmó aquel mundo nuevo y secreto: el de los microbios.

Hasta entonces nada se conocía del poder de los microbios; fue Joseph Lister, en 1867, quien demostró que esos organismos invisibles podían matar a un ser humano.

Lo que llamaba la atención de Lister era la presencia de pus y gangrena en las heridas; el ya conocía los trabajos de Pasteur y los microbios, así es que decidió lavar y cubrir las heridas con fenol y acido carbólico; con ello logró reducir hasta un 50% la mortalidad de los pacientes operados.Hoy es bien sabido que esas bacterias, millones de veces más pequeñas que un humano, pueden acabar con la vida del paciente.

Aún hoy en día a pesar del uso de la anestesia, los antibióticos y la antisepsia, muchos pacientes siguen muriendo por infecciones que no tenían antes de ingresar a un hospital.

Se trata de las infecciones intrahospitalarias o nosocomiales.Estas infecciones las adquiere el paciente cuando es contaminado por el personal hospitalario (médicos, enfermeras, camilleros, familiares, etcétera); el contacto con las manos y con las “gotitas” de saliva o flema trasmite microbios a los enfermos; los infecta con bacterias que suelen ser muy agresivas por habitar en un ambiente hospitalario; son resistentes a los antibióticos.La manera más efectiva de evitar este tipo de infecciones es el lavado de manos.

Se trata de un asunto de corresponsabilidad, donde el equipo de salud, los pacientes y familiares, deben asumir la tarea; y por su parte, los hospitales están obligados a proveer los recursos y áreas para que esto se lleve a cabo de forma constante, es decir, lavabos, jabón, gel, toallas, papel, agua, etc.

Parece increíble, pero aquellos animalitos invisibles que descubrió Leeuwenhoek, continúan siendo un dolor de cabeza para las autoridades hospitalarias. El remedio parece fácil y barato: lavado de manos. Sólo falta decidirse y tomar la responsabilidad en nuestras manos.


vademécum_64@yahool.com

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