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Vademecum

Cáncer y radiación

Óscar Hernández G.

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La madrugada del 26 de abril del 86, el estruendo de la explosión despertó a los habitantes de Bielorusia, a pocos kilómetros se encontraba la planta nuclear de Chernobil; el cuarto reactor emitía una luz gigantesca hacia el cielo, los pobladores pensaron que se trataba de una “luz divina”; más tarde descubrieron que se trataba más bien de una “luz infernal que los quemaba por dentro”.

La radiación no sólo traspasa sino que se deposita en el cuerpo humano. No pasó mucho tiempo para darse cuenta de que esos depósitos dañaban el genoma humano. Todos aquellos que se acercaban durante más de media hora al reactor nuclear, morían fácilmente.

La ex Unión Soviética negó y ocultó información; de hecho los habitantes de las poblaciones vecinas fueron evacuados después de tres días. El gobierno envió cerca de ocho mil “liquidadores” para terminar con la radiación; hoy la mayoría de esos "liquidadores" han muerto a consecuencia de enfermedades degenerativas, la primera, el cáncer.

Entre los "liquidadores" había médicos, obreros, militares y “voluntarios”; nadie sabía a lo que se enfrentaba; hasta que aparecieron los primeros niños que nacieron sin brazos, sin manos, ni cerebro. Miles de mujeres y hombres quedaron estériles.

Bielorusia se convirtió en un pueblo fantasma, todos los animales fueron liquidados por las autoridades; las vacas, flores y lagos que persisten están contaminados y muertos por dentro.

A los que sobrevivieron no se les considera humanos, sino cuerpos radioactivos. Treinta años han pasado desde el accidente nuclear, pero la radiación esparcida en la tierra permanecerá ahí durante miles de años. Después de Chernobil, sus habitantes rara vez llegan a viejos; hoy las aldeas lo único que han visto crecer son sus cementerios.


vademecum_64@yahoo.com

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