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Miércoles , 17.10.2018 / 09:42 Hoy

Ojalá

¡Nos lleva el tren!

Óscar Glenn

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En este país tenemos severos problemas de planeación también preservados por la impunidad, y de ello brotan evidencias diversas, como algunos megaproyectos que se anuncian espectacularmente cual producto de grandes estudios e ingeniosas mentes, pero al poco tiempo "enseñan el cobre", literalmente.

Ahí tenemos por ejemplo el maravillosamente dibujado y multianunciado Tren Interurbano México Toluca, que en el año de 2014 se dijo costaría cerca de 21 mil 505 millones de pesos y funcionaría en 2017, pero hoy resulta que requiere mucho más tiempo y dinero para verlo terminado, si bien nos va en 2018, antes del término de este sexenio.

Muy atractiva era la idea del Presidente Enrique Peña Nieto en diciembre del 2012, como uno de sus grandes proyectos, de conectar la Zona Metropolitana del Valle de Toluca con la Zona Metropolitana del Valle de México, misma que inició sus trabajos en julio de 2014, pero que no ha podido avanzar al ritmo esperado, ente otras cosas por la oposición social que ha impedido disponer del derecho de vía, el cual debió garantizar el gobierno del estado de México y no ha podido.

Nada menos este lunes, comuneros de Ocoyoacac, municipio por donde cruza la obra del Tren Interurbano vuelven a manifestarse asegurando que legalmente han sido amparados, tienen derecho reconocido sobre las tierras por lo que no permitirán que continúen los trabajos si no se les retribuye adecuadamente y ese conflicto es parte de la herencia que tendrá que manejar el gobierno que ahora encabeza Alfredo del Mazo Maza, al cual se suma el hartazgo manifiesto de quienes tienen que esperar horas incontables para atravesar este tramo con rumbo a la ciudad de México que significan pérdidas millonarias de horas-hombre pero que a nadie parecen interesar.

Las ganas no bastan, está demostrado, y esa mala planeación está costando más de lo que cualquiera pudiera imaginar o aceptar, primero las imposibles expropiaciones, luego los cambios en el trazo de la obra y consecuentemente los retrasos constructivos en los que tal perece, de manera increíble, nadie pensó.

Si esto no fuera suficiente, es un insulto que el Secretario de Comunicaciones del gobierno federal, Gerardo Ruiz Esparza, una vez más con cara dura propague a través de las redes sociales que la obra en enero del 2015 ya costaba 42 mil 700 millones de pesos y que el costo final que hoy proyectan es de 51 mil 400 millones, cuyo incremento se explica cómo actualización por inflación, obras sociales y derecho de vía adicional. Ya ni se diga del descaro de publicar que las obras avanzan en tiempo programado.

Son cerca de 30 mil millones de diferencia que pagaremos los mexicanos, pensando que sólo por errores de planeación se expliquen las causas de semejante variación, pero evidentemente de ahí derivan muchas deficiencias muy caras. No puede ser. ¡Ya nos llevó el tren!

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